Primero que Nada

Disculpen la demora y el abandono temporal que sufrió el relato

Los tres queremos agradecer la cantidad de comentarios positivos y llenos de vida que hemos recibido, tanto por parte de los que nos conocen desde antes, como los que hasta ahora saben un poco quienes somos.

En especial agradecer a: Amelia Rueda, Julia Ardón, a la gente de delebimba.com, Metrolife, Mercado del Barrio, Fusil de Chispas y a todos los que han invitado de una u otra forma a más gente a formar parte de esto.

Sinceramente gracias,
-loj tré

Santiago – Segunda Parte

Este día Santiago nos tenía guardado el mejor de los climas que nos podía ofrecer. Eran las diez de la mañana no había una sola nube en el cielo y en las noticias ya se hablaba de que a eso del medio día la temperatura ascendería a los 36 grados. Sin pensarlo ya nos habíamos lanzado a la calle para recorrer el centro de la cuidad.

Tomamos el metro hacia la estación de la moneda, al salir nos encontramos con el deslumbrante sol que insistía en subir la temperatura. Nos resguardamos junto con un churrasco y una coca en un local contiguo a la casa de la Moneda. Una vez ya alimentados y “refrescados” (si es que se lograba eso ese día) empezamos el recorrido desde la Casa de la Moneda hasta el monumento de los Caídos de Iquique, pasando por los tribunales de Justicia, La Catedral y el mercado Central. En el parque de los artesanos frente a la catedral unos niños aprovechaban las fuentes como piscinas robando la atención de todos los que pasábamos por ahí.

Casi en el mercado tuvimos que volver a conseguir bebidas para así llegar hasta el monumento. De ahí bajamos por todo el parque forestal que prácticamente recorre la ciudad acompañando a unos cuadras de distancia al Mapocho con destino al hostal para tomar nuestras mochilas y encontrarnos en la casa de Diego para partir hacia Horcón y empezar a recorrer la costa chilena con nuestros nuevos amigos.

Llegamos al punto de encuentro subimos todo al carro y unas horas después ya estábamos llegando a la pequeña caleta de pescadores que es Horcón, lugar donde está el apartamento de los papas de María. El lugar es sumamente acogedor con una vista genial de la caleta y toda un área de recreo que no dejamos pasar por alto, ya que no habíamos terminado de bajarnos cuando ya estábamos jugando tenis.

Para mi era la primera vez que tenía una raqueta en mi mano para jugar en serio, a lo que se podrán imaginar que mi desempeño no fue nada bueno. Adrio y Tovi si tenían ya unos cuantos años a su favor así que entre consejos y risas me fueron enseñando como no volarla en cada golpe. Por cierto! si alguna vez juegan dobles con Adrio tengan mucho cuidado, por que en lo que menos se imaginan sentirían la bola a toda velocidad impactándose en su espalda. Ya el hambre pedía atención así que nos fuimos a cenar y a dormir ya que salíamos temprano hacia Viña del Mar.

La mañana trajo muchas nubes y el inseparable frío de las playas del sur no podía faltar. De Horcón a Viña del mar hay si acaso unos 40km en poco tiempo ya estábamos recorriendo la zona de los bares más concurridos de viña. En una de las playitas que nos detuvimos Diego nos reto a que no nos atrevíamos a meternos en el mar, a lo que sin dudarlo me encamine hacia el agua. Bastó con meter los pies dos minutos para sentir como el frío trataba de convertirlos en hielo, era prácticamente como estar metiendo los pies en una hielera. Siguiendo con nuestro recorrido nos asombro tanto a Diego y María, como a nosotros, la cantidad de edificios que se están levantando en la zona. Nos decían como hace apenas unos años todo eran puras dunas y casi nada de condominios.

Caminamos un rato por la zona del casino y decidimos pasar por un helado y así agregar uno más a la pequeña lista que ya teníamos en nuestro haber. Terminamos el helado y continuamos hacia Valparaiso conocida como la ciudad cultural de Chile. Con sus coloridos cerros hace el lugar ideal para dejar el carro en algún parqueo y recorrerlo de arriba a abajo entre callejones, ascensores, cientos de gradas, miles de grafitis impresionantes y música con una vista maravillosa del pacifico desde cualquiera de los cerros.

Visitamos la Sebastiana, casa en la que habitó Pablo Neruda, que al igual que sus otros dos casas son museos de las cosas más interesantes que se puedan imaginar. El poeta amaba coleccionar cosas, pero no crean que eran de un solo tipo, al contrario lo que fuera era digno de colección y eso sumado a su amor a los barcos, hacia que sus casas fueran algo fuera de lo común. Aun con la gran afición que tenía Pablo por los barcos no podía estar en ellos ya que le tenía miedo a navegar, Por eso que el mismo se hiciera llamar Capitán de tierra.

Esta en especial tiene una escalera que no lleva a ningún lugar, una chimenea en el centro de la sala con forma de tinaja o tinaja para el humo que es como él la llamaba. En todos sus pisos hay un “juguete” al que poner atención. Al llegar al quinto la vista de Valparaiso lo deja a uno sin habla. En este piso Neruda tenía su escritorio junto a retratos de amigos, cartas de navegación y cientos de libros. Cabe resaltar la fotografía de Walt Witman que esta ubicada detrás de lo que era la puerta principal de la habitación. Cuando el carpintero estaba enmarcando la fotografía le pregunto que se era su padre, después de un pequeño silencio respondío: “Sí es mi papá… en la poesía”.

Terminada la visita regresamos a Viña del Mar, para comernos el completo italiano más grande que me he comido en la vida (Completo Italiano = Pero caliente con mayonesa y palta, digo aguacate) por el cual esperamos cuarenta minutos que se hicieron eternos ya que todos nos estábamos muriendo de hambre y era tal expectativa que Diego había creado con respecto a los completos que decidimos esperar a que el lugar abriera y no ir a ningún otro lugar.

Les aseguro que valió la pena la espera el único que no pidió un completo fue Tovi que lo cambió por un churrasco con palta y al igual que el completo estaba delicioso y de un tamaño descomunal ya con la expectativa más que superada y el estomago repleto regresábamos al apartamento en Horcón para seguir disfrutando de la maravillosa hospitalidad chilena y de un asado más que nos esperaba esa noche.

Amaneció, recogimos los tiliches y de vuelta para Santiago. La despedida con Diego y María sucedió igual de rápido y repentino como nos conocimos. María tenía una cita con las amigas y Diego iba para el estadio a ver jugar a su selección. De repente estábamos de nuevo los tres por nuestra cuenta a eso de las cinco y treinca de la tarde ya estábamos de vuelta en el hostal y como el día anterior ya habíamos visitado una de las casas de Pablo Neruda, Tovi y Adrio decidieron que ahora si querían ir a “La Chascona” otra de las casas del poeta, que estaba a 400mts de nuestra casa temporal.

Llegamos justo a tiempo para la última visita de la casa. Muy a lo personal en esta casa se puede percibir el amor tan grande que le tenía Pablo a Matilde Urrutia. Empezando por que la casa fue construida para ella mientras el poeta estaba aun casado con su segunda mujer y adémás por la cantidad de detalles puestos en su honor. Por otro lado es en la que mejor se aprecia la fascinación de él por los barcos ya que la parte del comedor y el pequeño bar contiguo, son replicas exactas de lo que uno encontraría en un navío.

Nos comentaban que en los primeros años de la casa, al sentarse en el comedor un quedaba a la altura de un pequeño río que pasaba por el medio de la casa y al fijar la vista en él daba la impresión de estar navegando. Ahí mismo justo a la cabeza de la mesa se encuentra un armario, repleto de cristalería de todos colores. Neruda aseguraba que el agua sabía mejor en vasos de colores por eso la mesa y en realidad en cualquier parte de sus casas se podía encontrar vasos, copas y vajillas completas multicolores.

En ese mismo armario una de las puertas tiene doble fondo y comunica con una pequeña habitación con una escalera de caracol que da al segundo piso que la usaba para asustar a las visitas, al salir disfrazado de diversos personajes. Amada tener visitas y hacer grandes fiestas. En el segundo piso al terminar de subir las gradas se encuentra un pequeño comedor que era el de uso común de la pareja, ya que él detestaba comer en comedores grandes vacíos. Seguido un estudio, el cuarto de huéspedes con su respectivo baño y una puerta que da al jardín central.

Aquí se suben unas gradas que llevan a una puerta principal que da acceso a una sala con un vetanal que gigantesco que da la impresión de estar en un faro y además con una envidiable vista de Santiago. En el segundo piso de esta área está el dormitorio principal y un balcón con la misma vista de la ciudad. Saliendo por una pequeña puerta se vuelve a llegar al jardín pero a un nivel un poco más alto y de ahí se va al bar que esta lleno de objetos gigantes, desde un zapato hasta un teléfono, todos pertenecientes a la época en que el analfabetismo era grande y en los comercios para distinguir una tienda de otra usaba estos objetos.

Una puerta más y se llega a lo que sería la biblioteca del lugar, repleto de libros por doquier y una pequeña habitación muy particular que además de estar construida un poco inclinada ahí se encuentra el cuadro frente al cual Neruda se sentaba a leer. El cuadro fue traído de Europa y tiene la pintura de una señora mayor vestida de luto con cara seria. Ni si quiera al ser adquirida se supo quien era la señora pero lo que importaba es que Pablo decía que cuando se sentaba frente a ella no podía dejar de leer por que sentía que si lo hacía la señora lo iba a regañar. Así concluía la visita a la Chascona dejándolo a uno con ganas de habitar en ese lugar y no tener que irse jamás.

Amaneció una vez más esta vez con rumbo a Isla Negra a visitar la tercera casa de Neruda. Llegamos justo para tomar el autobús, tan justo que tuvimos que parar el bus ya en marcha. Un par de horas después estábamos llegando a Isla Negra y no es que sea una isla no se confundan es un pueblo costero que tiene ese nombre.

La casa neruda no podía estar más llena, colegios, turistas, locales, era como si todos se hubieran reunido ese día para visitar la casa. Resulta que para visitar esta casa es con reservación si no no es posible entrar se puede imaginar nuestra desilusión, sobre todo la mía la de estar en uno de los lugares que más he querido visitar en mi vida y no poder entrar, así que por poco y nos quedamos sin entrar, pero por suerte quedaban unos cuantos campos en el recorrido en ingles y pudimos entrar. Y si que valío la pena esta de las tres casas es la que realmente parece un museo.

En la primera parte que es la sala principal y recibidor esta repleta de artículos de navegación y partes de barcos, así como anclas, timones, barcos dentro de botellas, mascarones de proa, en especial uno de gran tamaño de uno mujer que estaba ubicado mirando hacia fuera de la ventana, es decir con vista al mar que da una sensación de estar soñando. Atravezando un diminuta puerta se llega al comedor. Al igual que en la Chascona repleto de cristalería de colores.

Saliendo del comedor se llega a un jardín donde se encuentran con vista al mar un gran campana que Neruda hacía sonar cada vez que llegaba a la casa y un pequeño barco que al sentarse dentro de el y mirar al mar daba la impresión de estar navegando, el poeta pasaba largas horas en ese barco/bar. Otra puerta daba a un pasillo repleto de mascaras provenientes de todas partes del mundo, figuras en miniatura. Mas adelante en otra habitación un globo terráqueo inmenso, Insectos disecados, botellas, pinturas, cajas de música y entre toda esa disonancia de cosas un lavatorio en el que lavaba sus manos cada vez que escribía, ya que siempre escribió con pluma y tinta verde.

Otra sección tiene una replica exacta de una de las habitaciones del humilde hogar donde nació y tras la ultima puerta una sala con una colección impresionante de caracoles de mar de todos los tamaños y formas. Volvimos a los jardines donde visitamos la tumba donde yacen los restos de Pablo y Matilde por su puesto mirando al mar.

No queda más que regresar a Santiago hacer las maletas y esperar que el reloj diera la medía noche para partir hacía Pucón. Nos tomamos tan enserio lo de esperar que a ultima hora tuvimos que salir con los bultos al hombro a buscar un taxi por todo el Bellavista por que el que llamamos nunca llego. Como siempre llegamos justos, abordamos y nos pusimos lo más cómodo que pudiéramos ya que esa noche el bus sería nuestro hotel.

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Atacama

El sol de San Pedro de Atacama nos daba la bienvenida y nosotros lo recibíamos con los brazos abiertos. No habíamos terminado de llegar cuando ya habíamos cambiado la ropa de frío por ropa de playa y empezamos a recorrer el pequeño oasis en que nos encontrábamos.
El pueblo en total no eran mas de 7 cuadras a la redonda, con construcciones de barro, caminos de tierra, el cielo completamente azul y si uno tenía suerte se encontraba alguna nube blanca perdida en el cielo. Hacia donde se dirigiera la vista el contraste entre el azul del cielo y el rojizo de la tierra era impresionante.

Después de tomarnos el jugo más caro del mundo (2000 colones por un vasito de jugo de fresa) Después de ver que podíamos alquilar una bicicleta por todo el día fue la opción definitiva por la cual nos decidimos para conocer ese árido pero lleno de vida lugar.

El valle de la luna nuestro primer destino. Ubicado en pleno desierto de Atacama, lugar de donde se extraían cantidades gigantescas de sal. Anduvimos recorriendo por las dunas y antiguas zonas donde se dinamitaba las paredes. Cerca del atardecer recorríamos los senderos naturales que se hacen entre las piedras gigantes y exactamente a esa hora como empieza a bajar la temperatura se puede escuchar el crujido de las paredes gigantes donde se empiezan a contraer y a liberar el calor acumulado durante todo el día.

Visitamos el valle de la muerte, llamado así por una deformación del nombre Valle de Marte, que fue como lo nombró el Padre francés Gustav Le Paige, pero al hacer las traducción de francés a ingles se perdió en Marte y quedó la muerte. Durante el recorrido entre el valle de la muerte y el de la muerte se recorre la cordillera de la sal, donde se aprecian esculturas de sal naturales impresionante, entre ellas las tres marias que visto de frente parecen tres personas pidiendo al los cielos.

Al final del recorrido se llega al mirador del valle de la luna donde se ve uno de los mas hermosos atardeceres en todo el mundo, por el cambio de colores que va sufriendo todo el desierto con los colores naranja, rosados y violeta que dejan escapar los celajes. Hay que subir una duna para llegar a este lugar. Lo malo es que muchísima gente va a el lugar y se llena muchísimo. Buscamos lugar, nos sentamos en la arena y dejamos que el sol y el desierto nos deleitaran con su juego de colores.

De vuelta en San Pedro fuimos a ver si habían quedado libres tres campos para ir a un tour astronómico, que da un francés en su caso donde tiene cerca de 12 tipos de telescopios para estudiar las constelaciones. Al llegar la única forma de ir los tres era, uno ese día y los otros dos al día siguiente. Yo fui el que tomó el puesto solo y dejamos todo listo.

A las 11pm salí rumbo a unos 30km del pueblo para llegar a una pequeña casa, donde vive y tiene todo el equipo . Dan la bienvenida en una sala iluminada a la luz de la vela, en la que en el techo hay un hueco que deja ver directamente al cielo y justo ahí abajo esta uno sentado en un circulo, mientras le dan la introducción de lo que será la noche.

Ahí con el cielo más despejado que se puedan imaginar y más de las estrellas que puedan concebir le van enseñando a uno los signos del zodiaco, como ubicar las estrellas que por años han guiado a los viajeros y navegantes. Todo explicado con la asistencia de un puntero que literalmente señala el cielo.

Casi no se puede creer que lo que a simple vista parece una pequeña nube de polvo al verlo por el telescopio es una cantidad incontable de estrellas. También ver Marte casi del tamaño de una bola de golf o ver como la cola de un cometa se enciende y se apaga levemente a la distancia. Al finalizar se vuelve a entrar a la casa y esta un chocolate caliente esperando para continuar con el astrónomo aclarando dudas y comentando un poco más sobre el tema.

Con el sol de nuevo en el cielo, Adrio y yo nos fuimos por las bicicletas con rumbo a la cordillera de sal para tener nuestra primera experiencia con el sandboard. Tovi no nos pudo acompañar ya que amaneció adolorido y con síntomas de gripe.

Treinta minutos después de estar pedaleando entre paredes de sal y arena estábamos subiendo la duna que nos vería caer una y otra vez. Al principio fue sumamente fácil, y como no lo iba a ser si la pendiente a penas y lo llevaba a uno, cuando ascendimos un poco más en la duna empezamos a comer arena. La sensación de ir bajando a toda velocidad es increíble, aun más cuando uno no sabe como frenar y lo único que queda en caer en la arena y comer de ella. Estuvimos en esas hasta medio día que fue cuando nos fuimos por Tovi, para continuar conociendo San Pedro de Atacama en dos ruedas.

Después de una deliciosa pizza calentada al calor del suelo de Atacama, nos pusimos los cascos y pedaleamos hacia el Pucara Quitor que es uno de los mejor conservados de todo el imperio inca. Seguido el circuito lleva a un túnel construido hace más de cien años. La idea era llegar hasta la garganta del diablo, pero la noche ya se nos venía encima y debíamos regresar a San Pedro. Esa noche Tovi y Adrio fueron al tour astronómico.

Así llego el día de partir y serían unas 24 horas más de bus en nuestro conteo global para llegar a Santiago.

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La Paz

Estábamos montados un semi cómodo bus rumbo a la Paz, preguntándonos como iríamos a atravesar el Titicaca, para continuar el trayecto. Sería bordeándolo completamente? Sería en ferry o si tendríamos que nadar con la mochila en una gran bolsa de basura. La respuesta correcta sería “ferry”.

Después de aproximadamente una hora de bordear el Titicaca, llegamos a uno de los extremos del lago. Nos bajaron del bus, nos indicaron que camináramos siguiendo la carretera, ahí encontraríamos una casetilla donde nos venderían el tiquete para cruzar en una lanchita y que el bus pasaba en otro barco, que si no pasábamos rápido al llegar el bus al otro lado nos dejaban. Con ese aliciente buscamos rápidamente los tiquetes y cruzamos sin el menor de los problemas.

Ya del otro lado veíamos como el bus era traído por una tabla gigante que apenas se mantenía a flote. Milagrosamente el bus llego al otro lado sin ningún problema con nuestro equipaje seco y todo en orden.

Seguimos apreciando los paisajes que se iban convirtiendo poco a poco de desiertos áridos a polvorientos y pequeños poblados donde la pobreza se reflejaba sin piedad. Cada vez más cerca de la ciudad eran más las casas que ocupaban la nada, edificios desolados y otros con tantos colores que era imposible ignorarlos.

Pasamos a la par del aeropuerto más alto del mundo (4000 m.s.n.m.) inmediatamente a la derecha la entrada a una autopista y segundos después la vista de la ciudad de la paz, el atardecer la bañaba de un naranja que hacía vibrar cada uno de los colores que nos recibían.

El autobus nos dejó cerca del mercado de las brujas (lugar donde se puede encontrar cualquier cosas necesaria para conjuros, rituales, hechizos, etc) que era exactamente la misma zona donde se encontraba nuestro hostal.

El Cactus, ese es el nombre del que fue nuestro hogar. Recién llegados y ya estábamos hablando con Nico (Francés que está terminando su práctica de medicina en Bolivia) y Grant (Australiano que está recorriendo Sur América en bicicleta). Nos comentanban sobre su viaje y celebranban que iban a poder practicar el español.

Inicialmente la Paz no iba vernos más de uno o dos días, pero nuestras tarjetas de crédito y débito no pensaban lo mismo. La idea era encontrar el tour más cómodo (lease barato) a Uyuni y continuar el viaje. Ese día cenamos una deliciosa pizza y nos fuimos a descansar. Al día siguiente con las energías repuestas y con los “converse” puestos salimos dispuestos a encontrar quien nos llevaría hasta San Pedro de Atacama a traves de Uyuni.

La agencia que nos convenció resulto estar al lado del hostal. Felicidad la agente de viajes que nos atendió, nos contagió con su alegría y cómodo tour, así que nos íbamos con esa agencia. Las buenas noticias seguían llegando cuando nos enteramos que el tour a Tiwanaku y el tour en bicicleta a Coroico mejor conocido como la carretera de la muerte, estaban muchísimo más barato de lo que esperábamos. Imagínense que con lo que pensabamos pagar solo por el tour de Uyuni pagamos todo lo anterior. Salíamos al día siguiente para Coroico.

Llegó la hora de pagar tan maravilloso paquete y ninguna de las tarjetas quiso servir, decidimos ir a sacar dinero y nada, ningún cajero quería darnos dinero. Empezamos a preocuparnos ya que el efectivo que andábamos no era mucho y menos para pagar el tour. Tuvimos que dejar todo a modo de reserva y ver que podíamos hacer con respecto al asunto dinero.

Esa noche en el hostal conocimos a Julie (brasileña que andaba conociendo más de su continente) también a Lise (Noruega que decidió hace unos meses como nosotros soltar todo y largarse y ver a donde la lleva el viento) además de Mathilde (Francesa que esta cumpliendo su sueño de conocer Sur América) ya junto a Grant y Nico eramos un buen grupo de desconocidos compartiendo anécdotas del viaje y de como habíamos llegado a dar ahí.

En un punto de la noche el lugar se convirtió en un centro de estudio, gracias a German (el que cuida y administra el hostal) ya que como está en clases de ingles, llega a solicitar ayuda a los turistas presentes para hacer sus tareas. Entonces en ese momento los que no sabían español sacaron sus cuadernos y empezaron a aprender ese segundo o tercer idioma. Se pueden imaginar que ahí estábamos nosotros haciendo de profesores tanto de ingles como de español.

Volvió a salir el sol y fuimos a ver si ya nuestras queridas amigas de plástico les daba la gana servir. Cruzamos los dedos, fuimos al cajero y…. nada! el sistema seguía diciéndonos que no se podía tramitar la operación. Intentamos llamar al banco emisor para saber que pasaba y nada, no contestaban y no había forma de comunicarse con ellos, era como si Costa Rica hubiera desaparecido.

Decidimos como último recurso ir de nuevo a la agencia de turismo e intentar de nuevo pagar directamente con el plástico y esta vez si funcionó. Ya teníamos el pasaje directo hasta chile y varios días organizados para conocer más de Bolivia.

Así que amaneció y entró al hostal un hombre preguntando por loj tré. Lo seguimos y a tres cuadras del hostal en un pequeño restaurante nos esperaba el desayuno, que sería nuestro combustible para el descenso por la carretera más peligrosa del mundo.

Ascendimos en una microbus a 4700 m.s.n.m. lugar de donde empezaríamos a bajar. La adrenalina ya empezaba a recorrer el cuerpo. Nos dieron ropa, guantes, casco y bicicleta. Un par de vueltas de prueba en el pequeño claro que estábamos. Una garúa constante y muchísimas nubes nos acompañaban y multiplicaban el frío considerablemente. Una llamada del guía, una serie de consejos e indicaciones básicas para la ruta y a bajar!!

Tan solo a los pocos minutos de haber empezado el descenso las manos ya dolían del frío tratando de congelarlas. El agua a su vez impedía que pudiéramos abrir los ojos completamente y la expresión de la cara era una sola ya que el viento helado no dejaba poner otra.

Esta primera parte era en pavimento con vistas espectaculares de nubes y paredes de piedra que se alzan hacia el cielo con gran cantidad de caídas de agua que bañaban los muros. Después de unos 20km de bajar, subimos nuevamente a la micro y nos llevaron por una subida de 8km que obviamente nosotros queríamos hacerlo pedaleando, pero el guía decidió que no, así que como niños regañados entramos a la microbus.

Volvimos a bajar de la micro y de vuelta a las dos llantas. Ahí empezaba el camino de la muerte. El nombre viene por que es una carretera tan angosta por la cual transitaban buses turísticos, locales, camiones de carga, autos particulares y cualquiera que quisiera ir entre Coroico y la Paz. El camino ha cobrado la vida de cientos de personas por la cantidad de buses y autos que se han ido en los barrancos de más de cien metros.

Pero desde el año pasado la ruta no es más que una ruta para bicicletas ya que inaguraron una excelente carretera para el transito en general y no permiten que transite ningún otro tipo de vehículo por la vía antigua, así que la ruta es completamente realizable sin peligro los únicos accidentes que han habido desde entonces son contados, por irresponsabilidad de los ciclistas que hacen la ruta.

Ahí estábamos la lluvia y la neblina no se querían ir así que no quedaba más que continuar. La ruta es realmente estrecha y la pendiente interminable intenta acelerar al máximo la bicicleta en cada tramo. Entre el frío y la vibración de la bicicleta las manos y las muñecas pedían cada vez más una pausa, pero el descenso seguía. Apenas se entraba a un claro donde la neblina no habitaba era impresionante ver las caídas de metros y sobre todo imaginarse como hacían los grandes camiones para pasar por ahí.

Al rato de bajar cuando la neblina era menos densa, tuvimos el susto más grande del trayecto, donde tovi no pudo tomar una curva a causa de las piedras y salió disparado (literalmente) hacia el caño. Yo venía detrás de él así que aceleré el paso y en dos segundos ya estaba a su lado. Se quedo en el suelo unos segundos, se empezó a mover un poco adolorido con un par de golpes el muslo derecho y en la mueñeca del mismo lado, pero nada serio. Adrio se había devuelto ya y como es típico de nosotros no había terminado de levantarse cuando ya estábamos haciendo bromas de lo que acababa de pasar. Llego la microbus que nos seguía de cerca en la que tovi continuó por un pequeño tramo de la ruta para recuperarse de la caída.

Ya el clima había variando bastante, los 3000 m.s.n.m ya habían quedado atrás hacía rato y donde nos acercábamos a los 2000 m.s.n.m el lugar ya empezaba a calentar. Llegamos a la primera parada del recorrido donde nos dieron un snack (coca y yogurt) y a seguir pedaleando.

500 metros más abajo la neblina ya no existía, la visibilidad era perfecta y se avanzaba a mayor velocidad hasta dar con el final oficial del camino de la muerte donde Tovi se volvió a unir a la caravana y pedalear el último trayecto de la ruta donde llegaríamos a los 1200mts de altura. Nos sentíamos como en casa, el aire lleno de oxigeno, un calor acogedor y dando mayor potencia a cada pedaleada. Atravesamos un par de ríos y llegamos a la población Yolosa meta del recorrido.

La sonrisa en la cara era inexplicable, con barro en todo lado, las manos entumidas del frío pero más vivos que nunca. De ahí seguimos en la micro hasta el pueblo de Coroico donde nos esperaba una deliciosa ducha caliente y un bufete donde podíamos comer todo lo que pudiéramos que como se imaginan le dimos sentido a comer todo lo que pudiéramos. A eso de las tres de la tarde empezamos el regreso a la Paz para ir llegando a las ocho o nueve aproximadamente.

La llegada al hostal fue como llegar a casa, todos nuestros nuevos amigos esperándonos y preguntándonos como había estado el día con una familiaridad como si tuviéramos años de vivir juntos. La idea era llegar a dormir por que a las ocho de la mañana siguiente ibamos para Tiwanaku, pero el ambiente se presto para amanecer hablando con los presentes en el hostal.

Tiwanaku se supone es la cuna de los grandes imperios que dominaron los Andes, entre ellos la conocida cultura Inca. Ahí vimos el monolito de siete metros con treinta centímetros y un ancho de un metro con veinte centímetros, con un peso de veinte toneladas. Fue tallado en un sólo bloque de forma rectangular.

Según nos dijeron es la imagen de la Pachamama. (Madre tierra) la tienen encerrada para preservarla en un museo que esta siendo construido ya que alguien tuvo la genial idea hace unos años atrás de trasladarlo a la plaza estadio ubicada en la Paz a 45 minutos de Tiwanaku donde se empezó a deteriorar con todas las plantas que le pusieron para adornarlo.

Visitamos en el mismo lugar la puerta del sol la cual les indicaba las fechas indicadas para los cultivos y las cosechas. El templo semi-subterráneo donde se ven una serie de cabezas esculpidas en la roca a lo largo de toda la pared, con tres monolitos más en el centro del lugar. El Kalasasaya Templo astronómico que junto a la puerta del sol se lleva el control de todo el año. La piramide de akapana es una imponente estructura piramidal, con 8000 m. de perímetro, 7 terrazas escalonadas, 18 metros de altura. Actualmente se aprecian solo los últimos 6 escalones de la pirámide pero están trabajando constantemente en desenterrar y restaurar la totalidad de la pirámide.

Es un lugar de una riqueza arquitectónica pre-incaica impresionante es un lugar digno de volver a visitar dentro de unos años y poder apreciar toda la magnitud del lugar, lo que vimos fue una pequeña pincelada del mismo ya que la totalidad de construcción abarca miles de metros cuadrados que aun quedan por desenterrar.

De vuelta a nuestra casa, digo hostal nos encontramos con Julie y Lise con las que fuimos a tomar un café y comer algo para después tener otra dura despedida. Llamamos el taxi para irnos a la terminal del bus pero no quería llegar. Nico, Julie y Lise esperaban con nosotros, ya dábamos por perdido el bus.

Es increíble lo que uno puede llegar a encariñarse con las personas en tan poco tiempo. Gente que hace unos días ni siquiera existían en nuestras vidas, ahora estaban a la puerta del hostal despidiendonos. Deseandonos el mejor de los viajes, con nudos en las gargantas y los ojos mojados prometiendo reuniríamos de nuevo en alguna parte del mundo.

Ya en el taxi los veiamos quedarse, preocupados por la incertidumbre de si llegariamos a tiempo a la terminal y poniendo de nuevo la vista en el sur para poder seguir adelante. Llegamos justo para abordar el bus y pasar una noche más en un asiento de bus. Pero esta vez con destino Uyuni.

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Cusco

No había terminado de amanecer después de los cuatro días de caminata, cuando ya ibamos rumbo al Valle Sagrado de los incas. Saliamos de un parque al costado de la plaza de armas, en un bus lleno de hispano parlantes dispuestos a conocer más de las maravillas tanto incaicas como pre-incaicas.

Primera parada: mercado artesanal de C’orao, donde una vez más se encuentran mil y un puestos donde cambiar el oro por artesanías. Fue corta la visita y seguimos al siguiente centro artesanal; Pisaq, en el corazón del Valle Sagrado. Lo recorrimos de pies a cabeza, donde en todos los toldos nos ofrecían una cantidad multicolor e inimaginable de tejidos, bufandas, ponchos, gorritos, camisetas, lapiceros, libretas, mates de coca, hojas de coca; en fin, mil cosas increibles, hechas impecablemente.

Media hora más de bus y Vladimir (nuestro guía) anunciaba la llegada a la reserva arqueológica de Pisaq; conjunto de andenes de aproximadamente 54 niveles, destinados a la agricultura. Se puede apreciar como el paso de los conquistadores casi lo borra del mapa, pero un poco más arriba se encuentran construcciones más finas, lo cual significa que era lugar sagrado o un templo.

Justo a la par de esta construcción fina, se puede ver una menos trabajada y más tosca, que es construcción de una civilización anterior, que en vez de destruirla y construirle encima, respetaban su espacio y la mantenían tal cual era. La vista del Valle Sagrado desde Pisaq es increíble. Todo parece una maqueta de una zona agrícola; casas de barro, las propiedades divididas por pequeñas cercas, y hasta donde alcanza la vista, plantaciones.

Siguiente destino: Urubamba, lugar donde comeríamos en un buffet, donde probamos la alpaca y mil tipos de papa, además de todo lo que echamos de más en el plato que ya conocíamos, por supuesto sin dejar de lado los postres. Aquí se nos unió Egle, una Lituana que estudió ciencias neuronales y está sacando su maestría en Perú estudiando a los chamanes y curanderos de la selva.

De nuevo en el bus y directo a Ollantaytambo, tercera parada de nuestro recorrido. Ahí pudimos apreciar (entre un millón de turistas) uno de los más impresionantes legados incas; piedras de más de 42 toneladas acomodadas perfectamente como en un rompecabezas, en lo que sería uno de los mayores templos incas. Lo más impresionante es que las piedras que utilizaron para dicha edificación no se encuentran ni en el valle ni en el cerro del mismo asentamineto, sino que fueron traídas desde kilómetros a lo lejos y se dice que hasta cambiaron el curso de un río para poder llevar las piedras hasta el cerro que les permitía divisar los tres valles que lo rodean. Lamentablemente el lugar quedó a medio construir, como la mayoria de ruinas incas, por la llegada de los conquistadores y guerras que habían entre los mismos locales.

Con el tiempo un poco escaso, nos dirigimos a Chinchero, último destino del tour. Además de que el tiempo era poco, nos encontramos con una reparación en la vía, por la cual nos querían dejar esperando tres o cuatro horas. A nuestro guía, que nos estaba sirviendo de mediador, se le ocurrió pedir prestada una cámara de video y empezar a filmar cómo estaban retrasando más de ocho buses de turismo, e inmediatamente empezaron a mover los camiones y nos dejaron pasar.

Llegamos a Chinchero, específicamente a la Iglesia, que fue de las primeras construidas por los españoles y fue pintada en su totalidad por astistas andinos. Nos permitieron entrar cuando estaban a punto de cerrar. Pudimos ver el interior del templo, el cual no tiene ni un solo rincón sin un trazo del pincel, con imágenes de ángeles, santos, la trinidad y miles de adornos más recubriendo la totalidad del lugar. Ahí mismo visitamos una de las textileras locales, donde vimos todo el proceso, desde hacer los hilos, pasando por el teñido y terminando en tejidos impresionantes donde plasman su historia, con representaciones de animales y figuras características de su pueblo.

De vuelta en Cusco, Egle nos propuso ir por un chocolate caliente. La noche no podía estar más fría. Así que sin dudarlo nos fuimos a buscar un lugar donde refugiarnos. Dimos un par de vueltas y encontramos “The Muse”, un pequeño rincón de Cusco donde el ambiente es cálido a cualquier hora y sirven los mejores sandwiches y jugos de todo Cusco, además de un café delicioso. Pasamos ahí el resto de la noche, con buena música, contando cada uno como habíamos llegado ahí y qué hacáamos en esa fría pero preciosa cuidad.

Al día siguiente visitamos Saqsaywaman, que quedaba a 15 min de nuestro hostal a pie. Otra de las increibles riunas incas, que fue construida bajo orden del Inca Pachacutec con fines militares. Duró alrededor de cincuenta años en ser construida, y a la llegada de los españoles ya estaba terminada.

Los siguientes días nos dedicamos a descansar y a recorrer los cafés de la ciudad, entre los que encontramos Indigo, donde jugamos el famoso juego Wisstoy!! No tienen idea, es divertidisimo! El juego consiste en una serie de tucos de madera que se colocan de tres en tres a manera de formar una torre. Una vez construida la torre se procede a ir quitando de uno en uno los tucos, e irlos poniendo en la parte superior de la torre sin que la misma colapse, el que tenga la mala suerte de hacerla colapsar es el perdedor absoluto. (si, si, ya sé es Jenga, pero yo qué tengo la culpa que ese se llamara Wisstoy?). Tambíen jugamos Uno y tomamos más café. Además fuimos a un concierto en “Km 0” donde tocó el grupo Caxa, al que Hans, el guitarrista, que tocó la noche que conocimos “The Muse”, nos había invitado después de estar largo rato conversando.

El día antes de partir de Cusco, Adrio consiguió su añorada guitarra, así que decidimos ir a despedir Cusco en “The Muse”. Para suerte de todos esa noche, Piero (amigo de Hans) tocaba ese día en vivo, y al ver a nuestro querido viajero con guitarra, lo invitó a tocar y a hacerle compañía el resto de la noche. La felicidad de Adrio era sumamente contagiosa y todos los presentes les aplaudimos y acompañamos toda la noche.

Al amanecer, entre el taxi que duró mil horas en llegar y que a mí se me olividó la billetera en el hostal y me acordé de camino a la terminal, casi perdemos el bus de Puno, el cual tuvimos que perseguir en carrera durante unos 200mts. Pero una vez en él, nuestros asientos nos esperaban para llevarnos a nuestro próximo destino.

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El Norte de Perú

A eso de las nueve de la noche ya se leía “bienvenidos a Perú”. La emoción de los tres se podía sentir en todo el autobús, y a la vez estábamos deseando bajarnos ya. Llegamos a la terminal en Tumbes (ciudad que colinda con Ecuador). Al bajarnos conocimos los “mototaxis” que serían nuestros amigos en esta parte del recorrido. Son motocicletas con un asiento añadido a la parte posterior de la moto, para los pasajeros, y una pequeña canasta para el equipaje. Pareciéndose al final a triciclos.

De la terminal nos recomendaron el hostal Imperial, donde pasamos la noche. A la mañana siguiente desayunamos, recorrimos la plaza de armas y el malecón, que lo vimos por cinco segundos, ya que el deterorio y el olor a baño publico era lo que predominaba.

A medio día estabamos en la super microbus que nos llevaría a Máncora, una de las playas más visitadas y bonitas de Perú. La super microbus contaba con asientos destrozados, solo una ventana abría y tenía unas cortinillas azules que lo unico que hacían era estorbar. Pero no nos podía importar menos. Ibamos para la playa! A un precio super cómodo.

La primera impresión de Máncora fue <> Una brisa helada golpeaba la costa día y noche, pero la belleza de la playa y el viaje de promoción de un colegio de Lima, que en su mayoría eran mujeres, arreglaban todo. Seguido: hospedaje en una construcción, dejamos los bultos y a comer un delicioso cebiche peruano (si con b, aquí lo escriben así) con una Pilsen Callao.

Fuimos a recorrer la playa y fue cuando dimos con ellas. La playa de extensión es si acaso unos tres kilómetros, pero donde hay gente es como 300mts. En esos metros hay como cincuenta puestitos frente al mar, donde todos venden todo tipo de mariscos y comida tipica de la zona. Como se pueden imaginar el agua del mar es helada, así que el primer día le anduvimos de lejos.

En la noche parecía una noche en Coronado. Sueters, gorritos y pantalones largos eran nuestro atuendo. Fuimos a ver que nos ofrecía la vida nocturna de Máncora, la cual se limitaba a quinientos metros de calle, que dicho sea de paso esa calle es la Panamericana. Entonces se ven pasar buses, trailers y camiones cada cinco segundos, moviendo a la gente a punta de pitos de la calle.

Hay para todos los gustos en esos quinientos metros. Pero aparte del frío, unas cervezas y unas papas firitas la noche no ofrecía nada más. Es increíble lo temprano que la gente en Máncora termina la noche. A las 11:00pm parecían las tres de la mañana. Asi que regresamos a nuestra construcción y a esperar que amaneciera.

Salío el sol y decidimos que había que cambiarse de lugar, ya que el escándalo de la mezcladora y los trabajadores no era el óptimo para descansar. Después del almuerzo de la muerte, estudiamos las opciones y nos movimos al hotel Sol y Mar. Teníamos mesa de ping pong, piscina y un restaurante carísimo en el cual no comimos.

Seguro se preguntan por qué almuerzo de la muerte, ya les digo. Otra vez el sol había decidido irse, los abrigos volvían a nuestros cuerpos y Adrio parecía que andaba en el otro mundo. Asumimos que fue el cansancio del día de playa y la pésima noche anterior. Cerramos las puertas de la cabina como a las diez. Para que la madrugada nos contara que a Adrio algo no le había caído nada bien.

Con el sol de regreso me fui con Adrio a emergencias, porque ya era demasiado el dolor de estómago, y paso todo el día pegado a suero, grabol y cuanta cosa más se deleito el doctor administrarle en el suero. Tovi y yo mientras tanto almorzábamos y esperábamos en la cabina.

Ya con Adrio un poco más repuesto y con color en la cara, tomamos la desición de partir al día siguiente y no ese mismo día como era el plan, para que descansara y se repusiera por completo.
Eso nos restaba días para conocer lugares en la zona norte del Peru. Así que directo a Lima!

Como teníamos un día extra en Máncora porque el bus salía hasta las siete de la noche, buscamos una lavandería para tener todas nuestras prendas limpias, y nosotros a jugar ping pong y meternos al mar (sí ,sí nos metimos!) Ese mismo día conocimos a Flavia y a Maria José, que fue donde nos enteramos que eran de Lima y que andaban en un viaje de graduación, y ese mismo día se iban.

La ropa limpia, todo empacado para partir, nos comimos algo pequeño y a esperar el bus. El bus que en teoría duraba doce horas se extendió hasta diecisiete horas. Hasta el momento el transporte más incómodo y hediondo que nos ha tocado. La gente comiendo pollo con papas, cualquier cantidad de frituras que se puedan imaginar y un olor a pescado que llegaba por oleadas. Tuvimos tanta suerte que al llegar a Lima nos dimos cuenta que lo que apestaba a pescado eran los sacos que iban a la par de nuestros bultos. Sí… la ropa que estaba recién lavada y los bultos no olian a otra cosa que a harina de pescado.

Nos dimos cuenta de eso, cuando llegamos al Hostal Eurobackpackers y en nuestro cuarto olia a bus todavía. Buscamos otra lavandería para lavar los bultos, que al principio creíamos que era solo eso lo que olía, pero en Lima en las lavanderías no lavan bultos. Ya iban a ser las cinco de la tarde y no nos daba tiempo de dejar la ropa lavando para llevárnosla al día siguiente. No quedaba más que lavar los bultos a mano y rezar por que estuvieran secos para medio día. En efecto, no estuvieron secos… compramos bolsas y todo al bulto. Tampoco era que estaban chorreando agua, pero si suficiente para mojar la ropa.

Esa noche en Lima estuvimos hablando con Venus, Guisella, Stephanie y José Antonio, todos gente del hostal menos Stephanie. Luego visitamos el centro comercial que esta ubicado en el malecón de Miraflores, nombre de la zona donde estaba nuestro hostal. Una vez más dimos con el Escazú de la zona y los precios altísimos en todo lo que nos fijábamos. Regresamos a descansar ya que nos esperaba un bus de 24 horas que nos llevaría a Cusco.

El bus sería de la compañia Cruz del Sur. Un bus de dos pisos, donde los asientos de abajo se convierten en cama y los de arriba en semi cama. Los asientos súper comodos, el pasaje incluía cena y desayuno. Vimos muchas peliculas y hasta internet gratuito durante el primer tramo del viaje, ya que al empezar a adentrarse en los Andes no hay cobertura.

Los paisajes son impresionantes. Zonas absolutamente desérticas donde una que otra chocita se pueden ver, para después empezar a adentrarse en los Andes. Donde picos gigantes se levantan hasta el cielo y nosotros a la par siguiendo el curso del río. A eso de las diez de la mañana se empezaba a divisar la ciudad de Cusco. Sus techos de tejas, las calles pequeñas, parecían una maqueta colonial desde la montaña. Otro hostal recomenado en la terminal, el “Apu Wasi”, y a dormir.

Después que en dos días y medio recorrimos casi 1300km, estábamos completamente muertos, así que no hicimos más que almorzar e irnos a dormir. Al día siguiente llego don Hernan Soto (el encargado del nuestro tour para el camino inca) para dejar todo listo, entregarnos las bolsas de dormir y darnos un pequeño resumen de lo que nos espera los próximos cuatro días de caminata.

Ahora estamos a punto de ir a dormirnos, pero no queríamos irnos sin dejarlos al tanto de lo que ha pasado hasta el momento. Ya que a las 6:30am llegará una micro bus por nosotros y un par de horas después estaremos caminando hacia Machu Picchu.

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Otavalo

No había ni amanecido y ya estábamos en pie. Nos esperaban más de 14 horas de ruta entre taxis, buses, cruce de frontera y demás. Así que a las 5:30am llegá al Hostal Familiar en Popayán el taxi que nos llevaría a la terminal donde compraríamos el tiquete que nos llevaría por el último tramo de Colombia que nos faltaba recorrer. Llegamos a la terminal, empezó el ritual de decidir a cuál empresa confiaríamos nuestras vidas para el viaje. Una vez comprado el tiquete volvió la emoción de moverse y a la vez un sentimiento de tristeza por saber que serían las últimas horas en un país que nos dio muchísimo más de lo que esperábamos…

Así que a las 6:30 salió la microbus a Ipiales (pueblo que colinda con Tulcán, del lado de Ecuador). La vista durante este recorrido es impresionante. Uno va en una pequeña cajita metálica con cuatro ruedas, bordeando, subiendo bajando, atravesando macizos gigantes de tierra, con precipicios que apenas y se puede ver donde terminan. A diferencia de Costa Rica, que a donde uno vea en el camino ve verde, ahí se ve todo seco y árido, lo que hace más impresionante el sentimiento de inmensidad. Llegamos a Ipiales tres horas después de lo que se suponía duraba el viaje, buscando comida a donde fuera, ya que nuestro desayuno apenas y había existido. Pero ver el rótulo Bienvenidos a Ecuador a unos cuantos pasos de nosotros lo aliviaba todo.

Sellaron nuestros pasaportes, encontrramos una sodita y comimos. Una vez con el alma devuelta en el cuerpo, tomamos las mochilas y a caminar directo a Ecuador. Pasamos sin el menor contratiempo la frontera y otro bus! Ahora la ruta Tulcan-Otavalo que inicialmente sería Tulcan-Quito pero con la demora del bus anterior decidimos quedarnos en el pueblo de la Plaza de Ponchos, y que de todas formas lo visitaríamos en los próximos días. Aproximadamente dos horas después, el asistente del chofer del bus nos preguntó que a dónde era que íbamos, a lo que respondimos “Otavalo”. El señor alarmado nos respondió que era el pueblo que acabábamos de pasar y que nos tendríamos que bajar en Eugenio Espejo, que era el siguiente pueblo que está a hora y media de Otavalo!! Mentira, era tan solo a 5 min y fue lo mejor que nos pudo haber pasado.

Ya con las estrellas sobre nosotros, bajamos del bus esperando encontrar un taxi rápidamente. Para nuestra sorpresa, había disponible uno justo en la esquina de en frente. La señora que estaba con el taxista nos ofreció hospedaje, pero decidimos seguir con nuestro plan de los hostales recomendados en el centro de Otavalo. Mientras nos acercábamos al centro, conocimos mejor a nuestro taxista Stalin, hijo de las señora que nos acababa de ofrecer hospedaje. Su sencillez y humildad nos hizo confiar inmediatamente en él. Al llegar al centro y encontrar que el hostal al que íbamos estaba lleno, decidimos seguir nuestra suerte y devolvernos a la Hostería Laguna San Pablo, la que estaba exactamente en frente de donde nos había dejado el bus.

La Hosteria es un pequeño palacio al que llegamos porque teniamos que llegar ahí. Doña Magdalena, dueña de la hostería, nos recibió y trató como si fuéramos sus hijos. La tarifa por noche no podía ser mas cómoda y cada comida era igual de accesible para nuestro presupuesto. Después de una breve introducción de quiénes somos, llegó un café instantáneo con pan que nos reconfortó y dejo listos para ir a dormir.

Las cosas cada vez se ponían mejor. El plan era visitar la Laguna San Pablo, la Cascada Peguche, y en el centro de Otavalo la Plaza del los Ponchos, plaza donde los indígenas de la zona llevan sus artesanías para venderlas. Así que a la mañana siguiente al comentarle el plan a Stalin y a Doña Magda, nos pusieron al tanto que la Laguna está a quince minutos a pie de donde estábamos y la cascada a un poco más de la misma forma. Sin dudarlo terminamos nuestro desayuno y empezamos a andar.

En el horizonte se divisaba un imponente cerro y cada paso que dábamos nos llenábamos más de sur. De un pronto a otro apareció la gigantesca laguna de San Pablo, donde fácil cabe toda la Sabana. Seguimos bordeándola para encontrar el río que nace de ella y seguirlo hasta dar con la cascada de Peguche. Siguiendo el río se veía cada vez más indígenas pastoreando ovejas y cerdos principalmente, otros lavando la ropa a la orilla del río y niños acompañando a los que hacían sus deberes. Después de un buen rato de caminar, dimos con el poblado de Peguche, que es el que cuida las puertas para la entrada a la cascada.

El lugar es mágico, con senderos bordeados de árboles con cientos de años, verde y agua por doquier. Pocos minutos después de adentrarse por los senderos, aparece la cascada precipitándose con una fuerza impresionate, creando ráfagas de viento sumamente refrescantes por las gotas de agua que llevan con ellas. Continuamos recorriendo cada sendero que encontrábamos. La lluvia nos acompañaba de vez en cuando pero no era razón suficiente para hacernos dejar ningún sendero para después. Una vez completado el recorrido continuamos nuestra caminata hacia el centro de Otavalo. Llegamos a la Plaza de los Ponchos a eso de las tres de la tarde, cuando ya la mayoría de puestos estaban cerrando, así que dejamos para el próximo día nuestra compra de artesanías. Volvimos a la hostería para tener una deliciosa cena y descansar.

A la mañana siguiente con todos los puestos disponibles para nosotros, empezó la busqueda por nuestras ropas de frío. La plaza nos recibió con un colorido y variedad impresionante de artesanías, tales como: manteles, ponchos, gorros, bufandas, abrigos de lana y alpaca, todo a precios realmente bajos. Fue sumamente difícil decidir qué llevar y decir que no a la cantidad de cosas geniales que ofrecían. La tarde empezaba a caer y ya Quito nos llamaba.

De vuelta en la mesa de doña Magda conocimos a Humberto, nuestro nuevo amigo de Otavalo, indígena de la zona. Después de un rato de estar hablando con él, nos dijo que era una lástima que nos fuéramos al amancer, porque le hubiera encantado invitarnos a su casa y a sus plantaciones de tomate de árbol. Como se pueden imaginar, no dudamos ni un segundo en extender nuestra estadía en Otavalo y aceptar la invitación de un hombre al que el ingenio y la determinación se le desbordan por doquier.

Cuando el reloj marcaba las 5:30am ya estábamos desayunando con Humberto para irnos hacia su casa. Tomamos un bus y en veinte minutos estabamos en uno de los lugares con las vistas más increíbles de la zona. Empezamos a descender la montaña por sus propiedades y de amigos de él para dar con su casa un par de horas después, donde nos prepararon papas, huevos duros, habas tostadas, pan integral de trigo y agua de panela (aguadulce). Su esposa Roselin nos recibió con gran agrado y también conocimos a Segundo, otro emprendedor de la zona que busca como superarse con la dura situación por el bajo precio en que actualmente compran sus cosechas.

Estar ahí entre gente de la zona nos llevo a otro mundo, a gente tan sencilla y amable que abre sus puertas a la gente que pasa por su lado con el simple propósito de hacer amistades y crear lazos, sin pedir nada a cambio. Humberto nos comentaba orgulloso de los planes de construir cabañas sencillas para turistas y ojala poder convertir su casa en una casa de huéspedes para estudiantes. Además tiene planes de comprarse un tractor, ya que estaba llevando clases para poder obtener la licencia. Gracias a la iniciativa del actual gobierno ecuatoriano, ellos ahora pueden llevar las clases sin ningún costo. Después de habernos alimentado y regalarnos una bolsa de habas tostadas gigante, nos mostró la ruta de regreso a través de la montaña. Con una calurosa despedida nos dijo que ya tenía tres amigos más y que esperaba que si volvíamos por la zona, no olvidáramos visitarlo.

Ya en la hostería, con la sensación de haber entrado en un cuento y de haber vuelto a la realidad, decidimos pasar una noche más en ese lugar increíble que habíamos encontrado a tan solo dos horas de Quito. Definitivamente los edificios y la ciudad podían esperar un día más. Así que ya saben, si alguna vez llegan a Otavalo, sigan 5min más al sur para llegar al pueblito de Eugenio Espejo, y en seguida encontrarán la Hostería Laguna San Pablo. Una vez ahí, pregúntenle a doña Magda por Humberto y díganles que son amigos de los tres ticos que un octubre anduvieron por esos rumbos.

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Medellín

Catorce horas después de tomar un Rápido Ochoa en Cartagena llegamos a Medellín. Ahí nos esperaba Marien para llevarnos a lo que sería nuestro más lujoso apartamento hasta el momento en el viaje, que ella previamente había seleccionado.Tiramos los bultos en el cuarto y a caminar por los alrededores para ubicarnos y saber que nos ofrecía el barrio.

Volvimos de la inspección realmente contentos del lugar donde habíamos llegado. En la nevera aguardaba una lasagna y un pie de limón cortesía de nuestra anfitriona y su madre. Una vez comidos, a descansar por que las catorce horas ya estorbaban en el cuerpo. La lluvia matutina nos acompañaba una vez más, moviendo nuestro amanecer hasta pasado el medio día. Una vez que la lluvia se fue fuimos por provisiones.

Caminando por las tranquilas calles de los Laureles, respirábamos una gran familiaridad con las calles de nuestra tierra comparando una vez más con Rohrmoser. Desde la temperatura, el verde al alcance de la mano y parques por doquier, pero con la gran excepción de que casi todas construcciones son de ladrillo, detalle que nos gustó muchísimo.

De regreso comimos algo rápido y nos fuimos con Marien a la zona de El Poblado, específicamente al parque Lleras que está rodeado de bares, restaurantes y cafés para todos los gustos. Empezamos con un cappuccino en Juan Valdez (marca de uno de los cafés más reconocidos de Colombia a nivel internacional) un par de vueltas y terminamos escogiendo La Barcelona donde había 3×1 en cervezas nacionales y ciertos cocteles. La noche terminó temprano ya que al día siguiente recorreríamos toda la ciudad.

Desayunamos y directo a la estación de metro llamada Exposiciones. Subiendo las gradas la emoción crecía ya que ninguno de los tres había estado en un metro antes. Nuestro destino: el Metro Cable, una conexión del metro donde se convierte en un teleférico para llevarlo a uno a las zonas altas de Medellin.

El sistema de metro y MetroCable es realmente impresionante en términos de eficiencia, tecnología y seguridad. Conecta todas las zonas más importantes de Medellín, atravesando la ciudad de norte a sur (o de sur a norte, depende de donde lo agarre uno). Lo tienen super bien cuidado y hay toda una campaña llamada “Cultura Metro”, donde incentivan el buen cuidado del metro y propician que toda la experiencia sea lo más agradable posible. Definitivamente San José necesita uno urgentemente.

En la estación de Acevedo, uno se baja del metro y se pasa a una de las cabinas que cuelgan del kilométrico cable que sube hacia la montaña (o baja, depende de donde lo agarre uno). Conforme se va subiendo, se puede ver como Medellín es un gran hueco. No, literalmente es un hueco; un gran valle en medio de las montañas sobre las cuales se extienden cada vez más los suburbios en forma de miles de casitas de ladrillos, que a la distancia forman una gran capa naranja/rojiza que cubre todo el paisa-je.

Recorrimos toda la ruta del Metro y Metro Cable, conociendo los lugares donde serviría bajarnos luego. Decidimos ir a almorzar y luego regresar a los puntos que más nos interesaba visitar. Ese día el almuerzo fue en honor a los abuelitos de Tovi ya que ambos habían nacido en Medellín.

Nuestro plan de regresar al metro se vio frustrado por un diluvio que duró horas de horas, así que no quedo más que estar bajo techo. El internet café Games Box fue refugio en la tarde y el buen Discovery Channel nos acompaño toda la noche. Amaneció y directo a la terminal norte de Medellín para abordar otro Rápido Ochoa que nos llevaría a Bogotá.

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Barranquilla

La avioneta oxidada de una sola ala, nos trajo en un vuelo sin escalas a Barranquilla, con toda comodidad. Al llegar al aeropuerto internacional Ernesto Cortissoz todo fue tranquilidad. El lugar para nosotros, nada de molotes ni gente peleándose por recoger su equipaje.

Llegamos al hotel que nuestra excelente anfitriona Erika nos había reservado con anticipación para no tener ningún problema a la hora de llegar; y no solo nos lo había reservado, si no que personalmente había ido a revisar el lugar, para asgurarse que no llegábamos a ninguna porquería.

Resumiendo, Barranquilla fue comer, dormir y cervezas. La ciudad es un Rohrmoser gigante donde hace tres veces más calor. La única hora donde uno deja de tenerlo es cuando el aire acondicionado está al máximo o cuando se está sentado despues de las ocho de la noche en una de las miles esquinas con bares al lado de la carretera, disfrutando de una buena: Club Colombia, Águila (no imperial muchachos, ni a los talones) Brava Verde, Barena, Peroni (agua de caño envasada), Pilsen (nada que hacer a la par de la tica).

Bueno no importa, la que escojan igual sirve. La segunda noche que estuvimos, la dedicamos a probar cada una de esas para ver si alguna lograba superar nuestra querida cerveza. El veredicto fue que la Club Colombia y la Águila lo hacen bastante bien, pero aún no cambiamos la nuestra. Falta aún probar la Costeña y la Costeñita, pero no nos han dado muy buena referencia de ellas.

Dormíamos y comíamos en Yivinaca, un lugar de apartoteles donde era como nuestro pequeño apartamento con cocina, salita, cuarto con tres camas y baño. Al amanecer, a eso de las 11-12 de la madrugada, nos alistamos y empezó la procesión para comprar víveres. Después de conocer Barranquilla a pie y estar prácticamente deshidratados, dimos con el supermercado SAO de la cadena Olímpica. Ahí compramos las provisiones para los próximos días; escogimos pollo con vegetales, brocoli y papas como primer plato y un espaguetti con salsa de tomate que ambos quedaron geniales! (modestia aparte :P, ver fotos)

La primera noche conocimos a Gisella y a Susana, a la primera yo la conocía de hacía tiempo vía Internet, al igual que a nuestra anfitriona, pero ese día por asuntos de fuerza mayor no se pudo presentar. Esa misma noche fue la catación de cerveza en la Provincia, un de los miles bares acerísticos.

Descubrimos que en esta ciudad hay más taxis que gente, imaginense que al llamar un taxi para Susuna y otro para nosotros de la casa de Gisella, que quedaba a 400mts de la Provincia. Llegaron cuatro como si fuera una competencia de Formula Uno. Además de eso en cada esquina a uno le alquilan el celular por minuto para hacer las llamadas que necesite. Puede ser el portero del edificio, el taxista, la señora de las flores o simplemente el que quería hacer unos pesos extra ese día.

La segunda noche conocí a la maravilla de mujer que es Erika, un gran amiga que he estado en contacto con ella desde el 99 y tuvo que llegar el 2007 para poder vernos frente a frente. Como ya les dije, nos ayudo muchísimo en Barranquilla, recomendándonos qué hacer y escogiéndonos un lugar excelente para hospedarnos. Es realemente reconfortante cuando algo que se quiere hace tanto tiempo se hace realidad.

Esa noche recorrimos las calles de Barranquilla, nos tomamos un par de cervezas y terminamos en ¿Dónde está Javier? comiendo una picada combinada que trae butifarras, chorizo, pollo, maiz, bollo de maiz y papa. Una delicia para los amantes de la Tranca. (si son de Costa Rica y no saben que es la Tranca, agarren el carro y manejen hacia Tarbaca, la encontrarán a mano izquierda después de pasar Aserrí)

Barranquilla sirvió para recargar baterías, visitar a la gente que se quiere y dejándonos la puerta abierta para que cualquiera de estos febreros próximos viajemos de nuevo por estas tierras para disfrutar de uno de los mejores carnavales que se celebran en el mundo.

Ahora estamos en Cartagena, haciendo el estudio de campo para el siguiente post.

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En Panamá City

Después de siete horas de viaje llegamos a ciudad Panamá. Descansados/cansados/emocionados nos encontrábamos en una terminal con aeropuerto, parada de buses, miles de locales comerciales y muchos panameños. Una llamada telefónica y minutos después llegaban por nosotros.

Doña Lupe con su amabilidad infinita nos llevo al hotel Marparaíso que nos ofrecieron en la terminal. Como nos pareció un precio justo, nos hospedamos en él; que por el momento lleva el award al huecohotel del viaje. Un hotel del pasado donde tuvimos el placer de conocer al KIT MULTIMEDIA. Realmente solo dormimos en él, ya que Doña Lupe nos dio un tour nocturno por toda la ciudad.

Nos llevo a conocer el causeway, una serie de tres islas (Naos, Perico y Flamenco) producto del movimiento de tierra a la hora de construir el canal. El acceso a las islas estuvo restringido hasta el 2000, fecha en la cual el canal y gran parte de Ciudad Panamá dejó de ser propiedad de Estados Unidos y regresó a manos panameñas. El desarrollo en estos siete años es impresionante. Hay cientos de restaurantes y es una de las zonas mas seguras de la ciudad, donde día y noche la gente practica deporte o simplemente sale a caminar. Además observamos el puente de las Américas, y pasamos por Mamallena (nuestro actual hogar).

Nuestra querida anfitriona nos invitó a comer unas deliciosas empanadas argentinas en Pizza Piola, un lugar exquisito administrado por argentinos, que para nuestra suerte los jueves es noche de tangos así que la comida estuvo muy bien acompañada. La noche llegaba a su fin, y nos dejaron en el hotel, con cita programada para las 10am del día siguiente.

A las seis de la mañana la increíble orquesta de bocinas saturó la habitación y entre pitazos y sueño llegaron las nueve de la mañana. Nos alistamos, pasaron por nosotros y a seguir conociendo ciudad Panamá. Dos horas después entre presas interminables y recovecos que nuestra guia conocía, llegamos a Albrook Mall, donde al fin reemplacé mi bulto y caminamos un par de horas más.

A las dos de la tarde doña Lupe nos recogió en el mall para llevarnos al canal de Panamá, específicamente al las esclusas de Miraflores. A la hora que llegamos vimos una rápida reseña del canal, el museo y el tránsito de un pesquero bastante grande y otro más pequeño.

Ahora al puente Centenario, pasando una de las carreteras que atraviesan una de las tantas zonas protegidas aquí en la ciudad. Doña Lupe nos comentaba sobre los movimientos de tierra que se habían iniciado una semana atrás para la ampliación del canal, cuando vi caer de un árbol a media calle algo que de primera impresión me pareció un monito. Frenamos, y ahí, justo en frente de nosotros un oso perezoso no atinó la rama correcta y se precipitó sin más. El pobre estaba demasiado desorientado. Empezamos a desviar el transito y poco a poco el perezoso volvía en sí.

Cuando ya se movía un poco más, Adrio le acercó un palo y el perezoso lo agarró con toda fuerza. Nos miró con una cara de gracias que estoy seguro que nunca en la vida se nos olvidará, y poco a poco lo ayudamos a llegar al otro lado de la calle. Al sentir tierra y no concreto, empezó a alejarse con paso lento. Volvimos al carro en silencio y segundos después la palabras “primero tortugas marinas y ahora osos perezosos¡¡!!”

Llegamos al hostal, recogimos la llave de la habitación y nos fuimos en busca de alimento. Ya sin nuestra guia, decidimos regresar al lugar de la noche anterior. Caminamos horas para encontrarlo, pero después de mil preguntas o otros mil pasos más, dimos con él. Ordenamos, llegó la comida y la fiesta gaucha empezaba! Música folklórica argentina llenaba la calles de Panamá y nuestro ser, siendo el presagio de lo que nos espera mas al sur.

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