Atacama

El sol de San Pedro de Atacama nos daba la bienvenida y nosotros lo recibíamos con los brazos abiertos. No habíamos terminado de llegar cuando ya habíamos cambiado la ropa de frío por ropa de playa y empezamos a recorrer el pequeño oasis en que nos encontrábamos.
El pueblo en total no eran mas de 7 cuadras a la redonda, con construcciones de barro, caminos de tierra, el cielo completamente azul y si uno tenía suerte se encontraba alguna nube blanca perdida en el cielo. Hacia donde se dirigiera la vista el contraste entre el azul del cielo y el rojizo de la tierra era impresionante.

Después de tomarnos el jugo más caro del mundo (2000 colones por un vasito de jugo de fresa) Después de ver que podíamos alquilar una bicicleta por todo el día fue la opción definitiva por la cual nos decidimos para conocer ese árido pero lleno de vida lugar.

El valle de la luna nuestro primer destino. Ubicado en pleno desierto de Atacama, lugar de donde se extraían cantidades gigantescas de sal. Anduvimos recorriendo por las dunas y antiguas zonas donde se dinamitaba las paredes. Cerca del atardecer recorríamos los senderos naturales que se hacen entre las piedras gigantes y exactamente a esa hora como empieza a bajar la temperatura se puede escuchar el crujido de las paredes gigantes donde se empiezan a contraer y a liberar el calor acumulado durante todo el día.

Visitamos el valle de la muerte, llamado así por una deformación del nombre Valle de Marte, que fue como lo nombró el Padre francés Gustav Le Paige, pero al hacer las traducción de francés a ingles se perdió en Marte y quedó la muerte. Durante el recorrido entre el valle de la muerte y el de la muerte se recorre la cordillera de la sal, donde se aprecian esculturas de sal naturales impresionante, entre ellas las tres marias que visto de frente parecen tres personas pidiendo al los cielos.

Al final del recorrido se llega al mirador del valle de la luna donde se ve uno de los mas hermosos atardeceres en todo el mundo, por el cambio de colores que va sufriendo todo el desierto con los colores naranja, rosados y violeta que dejan escapar los celajes. Hay que subir una duna para llegar a este lugar. Lo malo es que muchísima gente va a el lugar y se llena muchísimo. Buscamos lugar, nos sentamos en la arena y dejamos que el sol y el desierto nos deleitaran con su juego de colores.

De vuelta en San Pedro fuimos a ver si habían quedado libres tres campos para ir a un tour astronómico, que da un francés en su caso donde tiene cerca de 12 tipos de telescopios para estudiar las constelaciones. Al llegar la única forma de ir los tres era, uno ese día y los otros dos al día siguiente. Yo fui el que tomó el puesto solo y dejamos todo listo.

A las 11pm salí rumbo a unos 30km del pueblo para llegar a una pequeña casa, donde vive y tiene todo el equipo . Dan la bienvenida en una sala iluminada a la luz de la vela, en la que en el techo hay un hueco que deja ver directamente al cielo y justo ahí abajo esta uno sentado en un circulo, mientras le dan la introducción de lo que será la noche.

Ahí con el cielo más despejado que se puedan imaginar y más de las estrellas que puedan concebir le van enseñando a uno los signos del zodiaco, como ubicar las estrellas que por años han guiado a los viajeros y navegantes. Todo explicado con la asistencia de un puntero que literalmente señala el cielo.

Casi no se puede creer que lo que a simple vista parece una pequeña nube de polvo al verlo por el telescopio es una cantidad incontable de estrellas. También ver Marte casi del tamaño de una bola de golf o ver como la cola de un cometa se enciende y se apaga levemente a la distancia. Al finalizar se vuelve a entrar a la casa y esta un chocolate caliente esperando para continuar con el astrónomo aclarando dudas y comentando un poco más sobre el tema.

Con el sol de nuevo en el cielo, Adrio y yo nos fuimos por las bicicletas con rumbo a la cordillera de sal para tener nuestra primera experiencia con el sandboard. Tovi no nos pudo acompañar ya que amaneció adolorido y con síntomas de gripe.

Treinta minutos después de estar pedaleando entre paredes de sal y arena estábamos subiendo la duna que nos vería caer una y otra vez. Al principio fue sumamente fácil, y como no lo iba a ser si la pendiente a penas y lo llevaba a uno, cuando ascendimos un poco más en la duna empezamos a comer arena. La sensación de ir bajando a toda velocidad es increíble, aun más cuando uno no sabe como frenar y lo único que queda en caer en la arena y comer de ella. Estuvimos en esas hasta medio día que fue cuando nos fuimos por Tovi, para continuar conociendo San Pedro de Atacama en dos ruedas.

Después de una deliciosa pizza calentada al calor del suelo de Atacama, nos pusimos los cascos y pedaleamos hacia el Pucara Quitor que es uno de los mejor conservados de todo el imperio inca. Seguido el circuito lleva a un túnel construido hace más de cien años. La idea era llegar hasta la garganta del diablo, pero la noche ya se nos venía encima y debíamos regresar a San Pedro. Esa noche Tovi y Adrio fueron al tour astronómico.

Así llego el día de partir y serían unas 24 horas más de bus en nuestro conteo global para llegar a Santiago.

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5 comentarios en “Atacama”

  1. Wahoo! de primera otra vez!! XDD Qué tan cool el cambio de clima! pero de fijo por eso Riki se estaba resfriando. Chicos qué ganas de que vengan yaaa!!!

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