Pucón

Antes de llegar a Chile, ni sabíamos que existía Pucón. Después de Santiago, planeábamos continuar nuestro trayecto al sur en un lugar que se llama Concepción, y de ahí pasaríamos hacia Argentina. Pero ya estando ahí y consultando con nuestros conocedores contactos chilenos, nos enteramos de que al sur queda un pueblo llamado Pucón, y después de muchas recomendaciones, decidimos ajustar la trayectoria y de nuevo nos enrumbamos hacia el sur.

Pucón queda en el área conocida como la Zona de los Siete Lagos, ubicada unos 150 km al sur de Santiago, y que abarca siete lagos en Chile y también en Argentina, tocando la parte norte de la Patagonia. Uno de esos lagos es el Villarica, el cual a sus orillas tiene por un lado al pueblo de Villarica, y al otro lado, Pucón.

Aún sabiendo que íbamos a un lugar especial, nos sorprendimos una vez que llegamos ahí. Alguien puso un cartelito en el hostal en Santiago, detallando cómo llegar hasta ahí, y concluía con: “Pucón is awesome!”. Nos dimos cuenta que no estaban exagerando, y se convirtió en el lema oficial de Pucón durante nuestra estadía ahí (que en un principio iba a ser un día y se extendió a 5). Ahora, para que se den una idea: Pucón es un pueblo pequeño; como de unas 6×10 cuadras más o menos. El lugar es nítido, acogedor; casi todas las construcciones del pueblo están hechas de piedra y madera, lo que le da un aire como de pueblito de los Alpes de hace un siglo. Hacia un lado, se llega a una playa bastante grandecilla, de piedras diminutas (o arena muy gruesa, como quieran), que da al lago. Por cierto que si uno anda con Converse despedazadas, es bastante incómodo como las piedritas inundan los zapatos en los tres primeros pasos. Si se vuelve la mirada hacia el lado opuesto al lago, está lo más impresionante de Pucón: el volcán Villarica, un cono perfecto que se eleva unos 2000 metros sobre el pueblo y se puede ver desde casi cualquier punto. Lo que hace especial al imponente volcán es que está completamente nevado durante todo el año, así que es completamente blanco, casi encandilante (encandilador? no sé), desde la punta hasta la base. La vista es increíble y en los cinco días que estuvimos ahí, no nos dejábamos de impresionar cada vez que lo veíamos. Además, tuvimos una suerte increíble con el clima; nos contaron que ahí la mayoría del año llueve, y es raro ver días despejados; pues tuvimos cuatro días de sol y cielo completamente azul, que no se nubló sino hasta el día que nos levantamos para irnos al siguiente destino.

Apenas llegando a Pucón, en la terminal de bus, nos agarró un tipo de los que llegan a ofrecerle hospedaje a uno (los hay en casi todas las terminales de bus a las que hemos llegado). Nos sonó bien la oferta y nos fuimos caminando con él. Definitivamente fue una buena decisión: el hostal era más bien un apartamento, con sala/comedor, cocina, una terraza, y tres dormitorios llenos de camas y camarotes. Nos instalamos en uno de los dormitorios, que además tenía puerta a la terraza, y listo. La parte realmente buena: no había nadie más hospedado en el hostal, e incluso los encargados de cuidar el lugar sólo estaban a veces, entonces más que hostal, el lugar fue, durante cinco días, nuestro propio apartamento.

Nos pasamos los primeros días caminando por el pueblo, descansando en nuestro aparta, leyendo en nuestro cuarto, viendo películas en nuestra sala de tele, o tirados en nuestra terraza tomando el sol. Es cansado esto de mochilear; hay que darse un descansito de vez en cuando.

Pero también es importante seguir explorando y conociendo, y para hacerlo optamos nuevamente por el mejor vehículo posible: bicis! Pucón es un lugar sumamente turístico, y está repleto de pequeñas agencias que ofrecen todo tipo de tours: bicis, kayaks por los ríos de la zona, snowboarding, incluso un tour de caminata para subir al volcán, pero el precio nos eliminó de inmediato la posibilidad de hacerlo. Para andar en bici, hay cientos de kilómetros de caminos y senderos que se pueden recorrer en las zonas aledañas.

El día que queríamos andar en bici amaneció nublado. Ya pensábamos que nuestros planes iban a ser frustrados por el mal clima, cuando a mediodía se despejó por completo el cielo en cuestión de minutos. Era una señal: teníamos que ir. Así que equipados con un mapa de todos los caminos, empezamos a pedalear. Empezamos el viaje por caminos bordeados de miles de pequeñas flores amarillas, iguales a las que seguiríamos viendo en todo el sur de Chile y después Argentina. Pedaleamos por varias horas, dándonos cuenta de paso que los caminos son mucho más largos de lo que pensábamos y que no ibamos a poder abarcar tanto como habíamos planeado. Pero no importó; las vistas y los caminos que recorrimos eran suficiente para tenernos ocupados y estupefactos durante todo el día. Pasamos al lado de ríos, a través de puentes colgantes, al lado de varios miradores. Llegamos hasta los llamados Ojos del Caburga, que son dos cascadas que nacen de ductos subterráneos alimentados por el lago Caburga, y llegan a salir a un punto espectacular donde nacen las cascadas y caen a una laguna de un color celeste profundo. De ahí regresamos hacia Pucón, pero algo en el camino nos detuvo: un minigolf! Nos enfrentamos en los 18 hoyos, saliendo Carlos como vencedor absoluto y yo en último lugar.

De vuelta en Pucón, observamos que nuestro aparta tenía una cocina bien equipada, y recordamos que teníamos rato sin aventurarnos en empresas gastronómicas. Así que salimos de compras y preparamos una cena digna del hambre que nos traíamos después de pedalear toda la tarde. Aprovechando los bajos precios que suele tener el vino chileno en Chile, compramos una (que otra) botella y con eso acompañamos una buena cena de raviolis.

Cabe destacar que aparte de esa cena, nuestra dieta en Pucón estuvo basada casi en su totalidad por papas fritas. Imagínense nuestra sorpresa al descubrir un local con un rótulo que lo identificaba como “Charly Papas”. Un lugar que sólo vende papas fritas? Podrá ser? Volvimos más tarde a darnos cuenta que efectivamente, el menú de Charly Papas consistía, en su totalidad, en 5 diferentes tamaños de bolsas de papas. Sobra decir que de ahí en adelante nos convertimos en fieles clientes frecuentes; considerando además que en el turístico Pucón, los precios de una comida completa en un restaurante equivalían a nuestra dieta de papas durante 3 días.

Un día, Carlos se fue a sentar a la playita del lago y ahí conoció a Jeslyn (nunca vi su nombre escrito, así que acabo de inventar cómo escribirlo). Conversaron un rato y quedaron de reunirnos al día siguiente, que sería nuestro último día en Pucón. Así que dicho y hecho, al día siguiente la conocimos Tovi y yo, y además se unos unió su amiga Diyi (ídem con el nombre). Fuimos por unas birras al super (Escudo para Carlos, loras para Tovi y yo) y fuimos a tirarlas al lago para que se mantuvieran frías. Ahí estuvimos horas, hablando, burlándonos mutuamente de los acentos de ellas y los nuestros, y viendo como los chiquitos locales, aparentemente inmunes a la temperatura helada del lago, jugaban tirándose un trampolín que improvisaron de una silla de salvavidas que metieron al lago.

Acompañados de las chicas puconenses, vimos sobre el lago el último atardecer que veríamos en Chile, nos despedimos, y nos preparamos para continuar nuestro camino, que estaba pronto a alcanzar su extremo sur.

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3 comentarios en “Pucón”

  1. ¡Qué maravillas nos regala Dios! A veces pienso que deberíamos pasar el resto de nuestros días agradeciendo…agradeciendo…agradeciendo

  2. Y maeees 😛

    Al fin terminé de leerme los entries, al fin… Bueno maes, me parece genial el viaje que tomaron, como terminaron siendo casi cybercelebridades jaja, la filosofía que tomaron de ella, la forma de apreciar los detalles y las cosas efímeras de la vida, las culturas, la historia, etc… Bueno, yo también voy a largarme un rato, pero no tanto =(, mes y medio como en enero, quiero irme con 2 o 3 de mis mejores compas a darme una vuelta por toda sudamérica, este blog y la aventura que relata ciertamente lo envalentona a uno y le da pistas de como hacer nuestra propia aventura, creo que me voy a hacer adicto al viaje 😛 pero no importa. Sigan dando el ejemplo jeje.

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