Santiago – Segunda Parte

Este día Santiago nos tenía guardado el mejor de los climas que nos podía ofrecer. Eran las diez de la mañana no había una sola nube en el cielo y en las noticias ya se hablaba de que a eso del medio día la temperatura ascendería a los 36 grados. Sin pensarlo ya nos habíamos lanzado a la calle para recorrer el centro de la cuidad.

Tomamos el metro hacia la estación de la moneda, al salir nos encontramos con el deslumbrante sol que insistía en subir la temperatura. Nos resguardamos junto con un churrasco y una coca en un local contiguo a la casa de la Moneda. Una vez ya alimentados y “refrescados” (si es que se lograba eso ese día) empezamos el recorrido desde la Casa de la Moneda hasta el monumento de los Caídos de Iquique, pasando por los tribunales de Justicia, La Catedral y el mercado Central. En el parque de los artesanos frente a la catedral unos niños aprovechaban las fuentes como piscinas robando la atención de todos los que pasábamos por ahí.

Casi en el mercado tuvimos que volver a conseguir bebidas para así llegar hasta el monumento. De ahí bajamos por todo el parque forestal que prácticamente recorre la ciudad acompañando a unos cuadras de distancia al Mapocho con destino al hostal para tomar nuestras mochilas y encontrarnos en la casa de Diego para partir hacia Horcón y empezar a recorrer la costa chilena con nuestros nuevos amigos.

Llegamos al punto de encuentro subimos todo al carro y unas horas después ya estábamos llegando a la pequeña caleta de pescadores que es Horcón, lugar donde está el apartamento de los papas de María. El lugar es sumamente acogedor con una vista genial de la caleta y toda un área de recreo que no dejamos pasar por alto, ya que no habíamos terminado de bajarnos cuando ya estábamos jugando tenis.

Para mi era la primera vez que tenía una raqueta en mi mano para jugar en serio, a lo que se podrán imaginar que mi desempeño no fue nada bueno. Adrio y Tovi si tenían ya unos cuantos años a su favor así que entre consejos y risas me fueron enseñando como no volarla en cada golpe. Por cierto! si alguna vez juegan dobles con Adrio tengan mucho cuidado, por que en lo que menos se imaginan sentirían la bola a toda velocidad impactándose en su espalda. Ya el hambre pedía atención así que nos fuimos a cenar y a dormir ya que salíamos temprano hacia Viña del Mar.

La mañana trajo muchas nubes y el inseparable frío de las playas del sur no podía faltar. De Horcón a Viña del mar hay si acaso unos 40km en poco tiempo ya estábamos recorriendo la zona de los bares más concurridos de viña. En una de las playitas que nos detuvimos Diego nos reto a que no nos atrevíamos a meternos en el mar, a lo que sin dudarlo me encamine hacia el agua. Bastó con meter los pies dos minutos para sentir como el frío trataba de convertirlos en hielo, era prácticamente como estar metiendo los pies en una hielera. Siguiendo con nuestro recorrido nos asombro tanto a Diego y María, como a nosotros, la cantidad de edificios que se están levantando en la zona. Nos decían como hace apenas unos años todo eran puras dunas y casi nada de condominios.

Caminamos un rato por la zona del casino y decidimos pasar por un helado y así agregar uno más a la pequeña lista que ya teníamos en nuestro haber. Terminamos el helado y continuamos hacia Valparaiso conocida como la ciudad cultural de Chile. Con sus coloridos cerros hace el lugar ideal para dejar el carro en algún parqueo y recorrerlo de arriba a abajo entre callejones, ascensores, cientos de gradas, miles de grafitis impresionantes y música con una vista maravillosa del pacifico desde cualquiera de los cerros.

Visitamos la Sebastiana, casa en la que habitó Pablo Neruda, que al igual que sus otros dos casas son museos de las cosas más interesantes que se puedan imaginar. El poeta amaba coleccionar cosas, pero no crean que eran de un solo tipo, al contrario lo que fuera era digno de colección y eso sumado a su amor a los barcos, hacia que sus casas fueran algo fuera de lo común. Aun con la gran afición que tenía Pablo por los barcos no podía estar en ellos ya que le tenía miedo a navegar, Por eso que el mismo se hiciera llamar Capitán de tierra.

Esta en especial tiene una escalera que no lleva a ningún lugar, una chimenea en el centro de la sala con forma de tinaja o tinaja para el humo que es como él la llamaba. En todos sus pisos hay un “juguete” al que poner atención. Al llegar al quinto la vista de Valparaiso lo deja a uno sin habla. En este piso Neruda tenía su escritorio junto a retratos de amigos, cartas de navegación y cientos de libros. Cabe resaltar la fotografía de Walt Witman que esta ubicada detrás de lo que era la puerta principal de la habitación. Cuando el carpintero estaba enmarcando la fotografía le pregunto que se era su padre, después de un pequeño silencio respondío: “Sí es mi papá… en la poesía”.

Terminada la visita regresamos a Viña del Mar, para comernos el completo italiano más grande que me he comido en la vida (Completo Italiano = Pero caliente con mayonesa y palta, digo aguacate) por el cual esperamos cuarenta minutos que se hicieron eternos ya que todos nos estábamos muriendo de hambre y era tal expectativa que Diego había creado con respecto a los completos que decidimos esperar a que el lugar abriera y no ir a ningún otro lugar.

Les aseguro que valió la pena la espera el único que no pidió un completo fue Tovi que lo cambió por un churrasco con palta y al igual que el completo estaba delicioso y de un tamaño descomunal ya con la expectativa más que superada y el estomago repleto regresábamos al apartamento en Horcón para seguir disfrutando de la maravillosa hospitalidad chilena y de un asado más que nos esperaba esa noche.

Amaneció, recogimos los tiliches y de vuelta para Santiago. La despedida con Diego y María sucedió igual de rápido y repentino como nos conocimos. María tenía una cita con las amigas y Diego iba para el estadio a ver jugar a su selección. De repente estábamos de nuevo los tres por nuestra cuenta a eso de las cinco y treinca de la tarde ya estábamos de vuelta en el hostal y como el día anterior ya habíamos visitado una de las casas de Pablo Neruda, Tovi y Adrio decidieron que ahora si querían ir a “La Chascona” otra de las casas del poeta, que estaba a 400mts de nuestra casa temporal.

Llegamos justo a tiempo para la última visita de la casa. Muy a lo personal en esta casa se puede percibir el amor tan grande que le tenía Pablo a Matilde Urrutia. Empezando por que la casa fue construida para ella mientras el poeta estaba aun casado con su segunda mujer y adémás por la cantidad de detalles puestos en su honor. Por otro lado es en la que mejor se aprecia la fascinación de él por los barcos ya que la parte del comedor y el pequeño bar contiguo, son replicas exactas de lo que uno encontraría en un navío.

Nos comentaban que en los primeros años de la casa, al sentarse en el comedor un quedaba a la altura de un pequeño río que pasaba por el medio de la casa y al fijar la vista en él daba la impresión de estar navegando. Ahí mismo justo a la cabeza de la mesa se encuentra un armario, repleto de cristalería de todos colores. Neruda aseguraba que el agua sabía mejor en vasos de colores por eso la mesa y en realidad en cualquier parte de sus casas se podía encontrar vasos, copas y vajillas completas multicolores.

En ese mismo armario una de las puertas tiene doble fondo y comunica con una pequeña habitación con una escalera de caracol que da al segundo piso que la usaba para asustar a las visitas, al salir disfrazado de diversos personajes. Amada tener visitas y hacer grandes fiestas. En el segundo piso al terminar de subir las gradas se encuentra un pequeño comedor que era el de uso común de la pareja, ya que él detestaba comer en comedores grandes vacíos. Seguido un estudio, el cuarto de huéspedes con su respectivo baño y una puerta que da al jardín central.

Aquí se suben unas gradas que llevan a una puerta principal que da acceso a una sala con un vetanal que gigantesco que da la impresión de estar en un faro y además con una envidiable vista de Santiago. En el segundo piso de esta área está el dormitorio principal y un balcón con la misma vista de la ciudad. Saliendo por una pequeña puerta se vuelve a llegar al jardín pero a un nivel un poco más alto y de ahí se va al bar que esta lleno de objetos gigantes, desde un zapato hasta un teléfono, todos pertenecientes a la época en que el analfabetismo era grande y en los comercios para distinguir una tienda de otra usaba estos objetos.

Una puerta más y se llega a lo que sería la biblioteca del lugar, repleto de libros por doquier y una pequeña habitación muy particular que además de estar construida un poco inclinada ahí se encuentra el cuadro frente al cual Neruda se sentaba a leer. El cuadro fue traído de Europa y tiene la pintura de una señora mayor vestida de luto con cara seria. Ni si quiera al ser adquirida se supo quien era la señora pero lo que importaba es que Pablo decía que cuando se sentaba frente a ella no podía dejar de leer por que sentía que si lo hacía la señora lo iba a regañar. Así concluía la visita a la Chascona dejándolo a uno con ganas de habitar en ese lugar y no tener que irse jamás.

Amaneció una vez más esta vez con rumbo a Isla Negra a visitar la tercera casa de Neruda. Llegamos justo para tomar el autobús, tan justo que tuvimos que parar el bus ya en marcha. Un par de horas después estábamos llegando a Isla Negra y no es que sea una isla no se confundan es un pueblo costero que tiene ese nombre.

La casa neruda no podía estar más llena, colegios, turistas, locales, era como si todos se hubieran reunido ese día para visitar la casa. Resulta que para visitar esta casa es con reservación si no no es posible entrar se puede imaginar nuestra desilusión, sobre todo la mía la de estar en uno de los lugares que más he querido visitar en mi vida y no poder entrar, así que por poco y nos quedamos sin entrar, pero por suerte quedaban unos cuantos campos en el recorrido en ingles y pudimos entrar. Y si que valío la pena esta de las tres casas es la que realmente parece un museo.

En la primera parte que es la sala principal y recibidor esta repleta de artículos de navegación y partes de barcos, así como anclas, timones, barcos dentro de botellas, mascarones de proa, en especial uno de gran tamaño de uno mujer que estaba ubicado mirando hacia fuera de la ventana, es decir con vista al mar que da una sensación de estar soñando. Atravezando un diminuta puerta se llega al comedor. Al igual que en la Chascona repleto de cristalería de colores.

Saliendo del comedor se llega a un jardín donde se encuentran con vista al mar un gran campana que Neruda hacía sonar cada vez que llegaba a la casa y un pequeño barco que al sentarse dentro de el y mirar al mar daba la impresión de estar navegando, el poeta pasaba largas horas en ese barco/bar. Otra puerta daba a un pasillo repleto de mascaras provenientes de todas partes del mundo, figuras en miniatura. Mas adelante en otra habitación un globo terráqueo inmenso, Insectos disecados, botellas, pinturas, cajas de música y entre toda esa disonancia de cosas un lavatorio en el que lavaba sus manos cada vez que escribía, ya que siempre escribió con pluma y tinta verde.

Otra sección tiene una replica exacta de una de las habitaciones del humilde hogar donde nació y tras la ultima puerta una sala con una colección impresionante de caracoles de mar de todos los tamaños y formas. Volvimos a los jardines donde visitamos la tumba donde yacen los restos de Pablo y Matilde por su puesto mirando al mar.

No queda más que regresar a Santiago hacer las maletas y esperar que el reloj diera la medía noche para partir hacía Pucón. Nos tomamos tan enserio lo de esperar que a ultima hora tuvimos que salir con los bultos al hombro a buscar un taxi por todo el Bellavista por que el que llamamos nunca llego. Como siempre llegamos justos, abordamos y nos pusimos lo más cómodo que pudiéramos ya que esa noche el bus sería nuestro hotel.

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3 comentarios en “Santiago – Segunda Parte”

  1. Si la envidia fuera tiña…ya estaría yo rascando sin parar…Por cierto, les ofrezco las memorias del poeta, así entenderán todavía un poco más a este hombre genial.

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