Santiago

Escoger un hostal en una ciudad tan grande como Santiago no es tan fácil. Aparecen varias zonas dentro de la ciudad, todas distintas y distantes entre sí, y se multiplican las opciones. Entonces investigamos lo mejor que pudimos y elegimos la zona que sería nuestra casa en Santiago: el hostal Bellavista, casualmente localizado en el barrio Bellavista.

Dicen que Bellavista es el área bohemia y artística de Santiago (es cierto, pero a la vez también es de las zonas caras y fashion de la ciudad). Todo el barrio está lleno de calles bordeadas de árboles y repletas de restaurantes, cafés y bares, muchos con mesitas afuera en las aceras, y la mayoría con coloridas pinturas y murales en sus paredes. En el día las calles son muy tranquilas, y las caminamos de arriba a abajo. Por las noches, cobran vida y se llenan todos los locales y las aceras con gente, y fluye la música en vivo de todo tipo; rock, blues, trova y música folklórica.

Llegamos al Hostal Bellavsista y nos topamos con que sería el hospedaje más caro del viaje hasta el momento. Teníamos dudas de quedarnos y pagar los pesos extra, pero luego vimos el lugar y quedamos convencidos. Además de la buena ubicación, el precio incluía un cuarto casi propio (casi porque tuvimos que compartirlo con Alex, un gringo que estaba trabajando en Santiago), desayuno ilimitado, 3 compus con Internet (esencial, por supuesto) y WiFi, y además futbolín, mesa de pool, y tele de plasma con DVD. Nada mal eh? Nos registramos en el Bellavista y nos dispusimos a explorar nuestros alrededores.

No sabíamos lo buena que era el área que nos tocó. Aunque nuestro presupuesto no nos permite estar saliendo de fiesta ni a comer a lugares tan caros como los de Bellavista, bastaba con caminar por esas calles en la tarde o en la noche y empaparse de todo el ambiente que se salía (literalmente) de los locales y se esparcía por las aceras y las calles. Las mesas en las aceras dela calle Pío Nono se llenaban de gente desde que el sol estaba arriba y seguían así a través del atardecer (que por cierto era como a las 8:45 PM) y hasta altas horas de la madrugada. Ahí mismo en esa calle topé con un muro lleno de afiches de conciertos con los que no coincidimos: The Used, Chris Cornell, Andrés Calamaro. Golpeé mi cabeza contra el muro unas cuantas veces y continuamos. Aparte del montón de bares y restaurantes, nos encontramos con que estábamos cerquísima del Parque Metropolitano, el cual incluye el cerro San Cristóbal, coronado por una inmensa estatua de la virgen, el zoológico de Santiago, y un sistema de funicular y teleférico que lo lleva a uno hasta arriba y a través del gran parque. Además estábamos prácticamente a la par de La Chascona, una de las famosas casas de Pablo Neruda. Y luego, si caminábamos un poco hacia el sur, cruzando uno de los muchos puentes que pasan sobre el Río Mapocho, que atraviesa el norte de Santiago, podíamos llegar a la zona de Providencia, tomar el metro, o seguir caminando hacia el centro de la ciudad.

Formada ya una imagen mental geográfica de donde nos encontrábamos, falta complementarla con nuestras impresiones del paisaje de la ciudad. En pocas palabras, Santiago es impresionante (ya voy con esa palabra de nuevo, mis disculpas). Personalmente, es la mejor ciudad latinoamericana en la que he estado. Caminamos bastante por distintas zonas de la ciudad, y todo es amplio, limpio, moderno, ordenado. Las calles están rodeadas de árboles por todas partes. No hay basura tirada en el suelo. Las calles son seguras (la mayoría, la mayoría del tiempo), y la lista de lugares interesantes por conocer es gigante. El sistema de transporte dentro de la ciudad es excelente, gracias al moderno metro subterráneo que conecta prácticamente toda la ciudad. Claro que no todo es flores y mariposas en Santiago; hay un serio problema de contaminación en el aire, puesto en evidencia por la espesa capa de smog que se puede observar encima de la ciudad desde puntos más elevados. El transporte ya por encima del suelo es menos que óptimo; el tránsito se pone bastante denso en horas pico y el sistema de buses es (de acuerdo a nuestras confiables fuentes locales) un desastre. Y también está la parte fea de Santiago, que no visitamos pero la vimos desde lejos; ahorita les cuento. En fin, la balanza se va para el lado positivo y así quedó nuestra impresión de Santiago; la primera ciudad en la que hemos estado que he pensado “y mae… yo sí que podría vivir aquí!”

Nuestro primer contacto en que ya teníamos hablado en Santiago fue Marianne. Así como le explicamos 17 veces a Tovi, les cuento: Marianne es amiga mía de la infancia; su mamá y mi mamá fueron muy, muy amigas por muchos años. De chiquitos, mi hermana Michi, Marianne, su hermano Mike y yo éramos felices jugando cada vez que nuestras mamás se reunían. Por cosas de la vida, y porque Costa Rica es diminuto, Carlos también conoció a Marianne muchos años después, completamente por otro lado. Y hace tres años, ella se fue a vivir a Chile, donde se casó y ahora trabaja y estudia. Así que con toda esa historia, nos habíamos hablado desde que empezó el viaje para vernos en Santiago. Resulta que el hostal estaba cerquísima también de donde vive Marianne, así que nos pusimos de acuerdo y ella llegó a buscarnos ahí (que buena anfitriona no?). Fue buenísimo verla de nuevo; no sé cuántos años tenía desde la última vez que nos habíamos visto.

Nos topamos y nos dirigimos al primer asunto de suma importancia que debíamos resolver: la comida. Nada como tener uninsider (Carlos me regaña por hablar con palabras en inglés, pero no sé… persona de adentro?) que le enseñe a uno los buenos lugares en una ciudad. Así, nos fuimos a la Fuente Alemana y nos comimos un delicioso churrasco con palta. Breve lección en comida típica chilena (típica en el sentido de que es lo que más se come y no tanto algo así como folklórico): un churrasco es un sandwich de carne, casi siempre en un pan redondo como de hamburguesa, con abundante carne en cortes delgados, y usualmente acompañado con palta (que nombre más raro para decirle a un aguacate). Un completo es un perro caliente, también casi siempre con abundante palta y si tiene también tomate y mayonesa, es un completo italiano. Sí, yo también me quedé bateado hasta que me explicaron que no tiene nada que ver con comida italiana, sino con los colores de la bandera. Ve vos. Ah y un lomo es como un churrasco pero con carne de cerdo. Así que bueno, siguiendo la excelente recomendación de Marianne, matamos a quien nos mataba, devorando un gigante y delicioso churrasco, y continuamos nuestra exploración de la ciudad.

En metro y a pie recorrimos varias calles de la ciudad, en el área de Providencia principalmente. Ahí llegamos a una zona comercial, de avenidas amplias llenas de árboles (no me canso de mencionar los árboles), por donde merodeamos un rato, hasta que nos devolvimos y nos dirigimos al Parque Metropolitano. Entramos y compramos nuestro tiquete para subir al cerro San Cristóbal en funicular, bastante similar al que usamos para subir a Monserrate en Bogotá. El zoológico lo pasamos de lado; en realidad no era la gran cosa y lo tienen bastante descuidado, lástima. Ya arriba del cerro, pudimos ver la vista panorámica de toda la ciudad, incluyendo la capa de smog; un manto denso y gris que cubre y apaga los colores toda la ciudad desde la vista del cerro. De ahí subimos a la parte más alta del cerro, donde fuimos recibidos a brazos abiertos por una estatua blanca de 22 metros de alto de la Virgen María; no sin antes pasar por un mote con huesillo (son duraznos deshidratados, que se sirven fríos en un vaso con un tipo de maíz en el fondo y lleno con el jugo de los mismos duraznos… que inventos más raros los de estos chilenos). Nos dirigimos hacia el teleférico, que lo lleva a uno por encima de todo el parque, y de ahí es donde pudimos ver la clara división geográfica-social de Santiago. En el medio, como una gran línea divisoria, estaba toda la extensión del parque. A nuestra derecha, es decir al sur, estaba la parte buena de la ciudad; edificios grandes, modernos, todo limpio y lleno de árboles por todas partes. Al otro lado, miles de casitas pequeñas, todo mucho más oscuro, sucio y desordenado. Es bastante impactante ver la diferencia así desplegada tan claramente bajo nuestro pequeña cápsula colgante; parecía como ver un mundo de SimCity con una parte bien desarrollada y otra que no se supo administrar y terminó mal (sí, sí, comparación geek inevitable).

Pasamos el resto de la tarde caminando y conversando en el parque. La pasamos tan bien (y loj tré somos tan encantadores) que Marianne faltó a clases y se quedó con nosotros hasta la noche. Nos fuimos de vuelta a nuestro barrio y terminamos el recorrido en el Patio Bellavista, un centro comercial muy agradable (y caro) que quedaba a la vuelta del hostal. Lo que descubrimos en el centro comercial, y que nos hizo volver una y otra vez, fue una heladería italiana donde comimos (una y otra vez) de los mejores helados que hemos probado. Yo tenía ganas de helados desde hacía rato, pero llevábamos tanto tiempo en lugares fríos, que nunca daban ganas de ir por uno. Ahí nos desquitamos. En nuestros días en Santiago, comimos helados de chocolate, pistacho, nueces, limón, chirimoya, chocolate blanco, fresa, manzana, huesillo, piña, limón con albahaca, y pera. Buena forma de empezar a recuperar el peso que habíamos perdido en países anteriores. Nos despedimos de Marianne y nos retiramos al hostal a una feroz competencia de pool entre nosotros tres.

Habíamos cubierto ya una importante parte de la ciudad, pero nos faltaba algo esencial: el centro de la ciudad. Así que tomamos el metro hasta la estación de La Moneda, llamada así por la Casa de la Moneda, la casa de gobierno de Chile. Abajo hay un centro cultural donde siempre hacen exposiciones artísticas; entramos pero todas las exposiciones estaban cerradas. Esto nos causó mucho pesar, el cual tuvimos que disipar con un churrasco y una coca. Con un ánimo renovado, nos dirigimos hacia el corazón de la ciudad: la Plaza de Armas. Visitamos la Catedral y caminamos por la plaza, donde hay muchos pintores ahí instalados con su silla y caballete; y como era un día especialmente caliente, varios chiquitos gozaban bañándose en la fuente de la plaza. Caminamos hacia el norte por una avenida peatonal adoquinada y nos topamos de nuevo el río Mapocho, sólo que mucho más al oeste. Ahí está el monumento de los Héroes de Iquique, que conmemora los soldados caídos en una batalla en Iquique, al norte de Chile, en la guerra territorial que hubo entre Chile y Bolivia al principio del siglo pasado. Del monumento empezamos a atravesar el Parque Forestal, un paso largo y estrecho (como una cuadra de ancho) que conforma una gran línea verde a lo largo de un par de kilómetros, paralelo al río. La caminata cruzando todo el parque es excelente; nos tomamos nuestro tiempo caminando lento y parando para sentarnos en bancas y tomarnos fotos estúpidas. Vivan los parques.

Nos devolvimos sólo porque era hora de encontrarnos con nuestros nuevos amigos chilenos. Si han seguido todo el blog, sabrán que Diego y María, quienes conocimos en Perú, ya habían vuelto de su viaje alrededor del mundo, y nos esperaban para recibirnos en Santiago. Así que tomamos el metro y llegamos al apartamento de los papás de Diego, donde están viviendo ellos ahora temporalmente hasta que encuentren su propio lugar. Qué bueno fue verlos de nuevo! Estaban justo como los recordábamos.

Al regresar de casi un año de viaje, la gente se convierte en celebridades por un tiempo, así que Diego y María tenían cualquier cantidad de invitaciones a cenas, fiestas y reuniones. Una de ellas era un asado en la casa de los papás de María, al cual nos invitaron. Increíble como todos nos recibieron con los brazos abiertos, como si fuéramos amigos de hace años. Llegamos y conocimos a los papás de María, vimos fotos de su viaje (imprimieron unas e hicieron un álbum; excelente idea), comimos empanadas y luego un asado delicioso, que comimos y nos bajamos con vino hasta que ya no pudimos bajárnoslo más. Dejaron muy en alto la hospitalidad chilena, sin duda.

Continuaban las actividades; en la noche fuimos con ellos a una fiesta en la casa de un amigo. Ahí estuvimos un rato tomando pisco y conversando con varios amigos de ellos. En la fiesta casi no estuvimos con Diego y María, recuerden que ahora son celebridades entre su gente y estuvieron muy solicitados. Al día siguiente fue la celebración del cumpleaños de Diego; el famoso asado al cual nos habían invitado ya desde Puno (parece hace tantísimo tiempo!). Nos repartimos en varios carros y nos fuimos a la finca de otro amigo de Diego, haciendo primero una parada estratégica para comprar ingredientes esenciales: birra y carne.

Es curioso cómo toman los chilenos. Toman pisco. Pisco con coca, pisco con gin, pisco con Sprite. Pero casi no toman birras! Imagínense un asado, con carne, chorizos, papas, y nada de botellas ni latas de birra, sólo botellas de pisco, litros de coca, y vasitos desechables. Así que fuimos los raros de la ocasión, y nos compramos unos cuantos sixpacks de Escudo. El asado estuvo excelente; comimos choripán delicioso, salchichas, y otras cosas mientras esperábamos que se asara la carne que habíamos comprado. Y que si valió la pena la espera! Cuando llegó la hora, arrasamos con la carne que sin exagerarles, es de las que más rico me han sabido en la vida. Estoy considerando irme a vivir a Chile y hacerme exclusivamente carnívoro. Pasamos la tarde excelente con Diego, María, y sus amigos (bastante distinto que estar con nuestro grupo de amigos, porque aunque ellos son de la misma edad, casi todos están casados o casi-casados).

Todavía faltaba mucho más que ver con Diego y María, y al día siguiente nos tenían ya preparado el viaje playero que nos habían prometido semanas atrás. Pero eso, amigos, queda para el próximo capítulo.

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18 comentarios en “Santiago”

  1. Ädrio estoy de acuerdo con muchos de los que han comentado, que cada día escribís mejor.

    De los países de América Latina, que he conocido y me impacto favorablemente es CHILE, de toda mi Centroamérica conozco todos los paises y Méjico , algunos del Caribe.
    De Sur América casi todos los visitados por ustedes y otros que no, resumo, Chile es orden, limpieza, economía organizada,personas sumamente intensos , poetas, músicos, gente de tetro, ojo pero de ambos bandos… quizá fue la experiencia que abrió mi mente , para analizar mejor esa realidad de ese país tan especial y del resto de América Latina , el cual conocí antes en y despúes del golpe de 1973 .

    El que siempre hace camino al andar.

    Carlos, El papá de Carlos Alberto y y el amigo de Tovi y Adrio

  2. ¡Ay Dios, Neruda! El hombre que se dejó decir “el niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”. Este hombre que edificó sus casas como un juguete para jugar en ellas de la mañana a la noche… Bueno, sin palabras…¡qué experiencias tan increibles!

  3. Mae Adrian,leer las descripciones tan elaboradas y desbordantes de impresion de Chile me tiene con las lagrimas afuera. Chile tiene que ser la ciudad mas espectacular del mundo: siempre esta limpia, hay demasiada cultura, la gente es increiblemente feliz y educada. La arquitectura es tan linda que me despedaza el corazon. QUIERO RAJADO VOLVER A CHILE Y QUEDARME AHI PARA SIEMPRE!.
    Las fotos, tambien me hicieron que se me arrugara el corazon como una bolsa de papel :o(
    Porque no comieron barrolucos? que muchachos tan raros…

  4. Hey, carajo, que bien escriben todos. Yo por lo menos, me vine acá gracias a Julia y me he leído sus aventuras y desventuras viajeras de principio a fin. Me encantó reconocer en sus palabras lugares que he conocido y visitado, y otros que me faltan por conocer.

    Ahora sí que me dan ganas de regresar a Machu Picchu, pero hacerlo como se debe y ustedes lo hicieron: a pie.

  5. Tovi… toviii!!! carajo póngase las pilas…

    Carlitos!!! carajo… exijo sus plumas para seguir el recorrido en modo blog.

    🙁 Me quedaron debiendo un par de los lugares que más añoraba leer, no es justo!

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