Uyuni

Como el muy esperado tour para el Salar de Uyun ya lo teníamos bookeado (del ingl. book. 1. tr. Guardar algo para lo futuro), no teníamos mucho que hacer en el pueblo de Uyuni. Es un pueblo realmente pequeño, a 3670 metros sobre el nivel del mar, que funciona principalmente como entrada al salar para los turistas que llegan a conocerlo. Así que después de un viaje bastante movido (por carreteras malas, no que pasara nada interesante), llegamos en la mañana al pueblito de Uyuni, y después de por suerte encontrar un cajero automático (habíamos leído que no había ninguno… Uyuni se supera), nos dirigimos a hacer algo que cambiaría completamente nuestra experiencia en el salar: fuimos a desayunar. Felices comimos nuestros huevos revueltos y los bajamos con un buen batido de banano en leche, sin sospechar que un par de horas después estaríamos sufriendo los destrozos que algún bichillo entrometido en el batido estaría haciendo en nuestros estómagos. En el de Tovi no, él como que resultó inmune a las bacterias de Uyuni.

En fin, al rato nos montamos en el Land Cruiser que nos llevaría a través del salar y gran parte del sur de Bolivia. Qué carro más increíblemente bueno es el Land Cruiser! Tres días en el desierto, a toda velocidad por dunas y rocas, y como si nada. Y quién sabe cuántos años tiene cada carro de esos de estar haciendo el mismo tour una y otra vez. “No lo maneje, maltrátelo” es cualquier vara! Con nosotros iban dos parejas (siempre parejas y nosotros); Martin y Brigit, alemanes que en realidad no eran pareja sino amigos de hace muchos años que andan viajando juntos (o eso dicen), y los franceses, Isabel y Quintin. Además iba Gustavo, nuestro guía/chofer/cocinero/mecánico. Completamente cargado el Land Cruiser con todo nuestro equipaje y más, nos dirigimos hacia el salar.

Un poco sobre el salar para los que no saben exactaemente de qué estamos hablando. El Salar de Uyuni es el desierto de sal más grande del mundo, con un área de más de 10 mil kilómetros cuadrados. Toda el área fue un gran lago hace unos 40 mil años, y cuando se secó formó el salar, junto con otros lagos y salares que ni a ustedes ni a mí nos interesan para efectos de este post. Entonces el salar es una extensión enorme y plana que tiene entre 1 y 7 metros de profundidad de sal pura. El paisaje que crea esto es algo fuera de este mundo: suelo completamente blanco, brillante y plano, en todas direcciones, hasta donde alcanza la vista. Nunca fueron tan necesarios los anteojos de sol.

La primera parada fue a la entrada del salar, donde las familias de la región extraen, procesan y venden la sal. Como se podrán imaginar, la sal es parte importantísima en la vida de los uyunienses (digamos que se llaman así). No sólo extraen la sal para su consumo usual, sino que sacan también bloques sólidos de sal, de los cuales hacen ladrillos y construyen casas. También de sal hacen diferentes objetos como ceniceros y adornos que venden a turistas fácilmente impresionables como nosotros. Los hombres van al salar y extraen la sal, y las mujeres se quedan en casa y la procesan y preparan para la venta. Ahí una señora uyuniense nos dio una pequeña explicación del proceso: la sal llega húmeda y granulada en pedazos grandes, entonces primero usan hornos para secarla bien, luego usan un aparato que parece del siglo XVII para moler la sal, ahí le agregan un poco de yodo (a diferencia de la sal marina, ésta no contiene yodo naturalmente), y luego la empacan en bolsitas de 1 kg, las cuales se venden a 50 centavos de boliviano cada una, lo cual equivale a la gran suma de 35 colones. Un equipo de una familia preparan y empaqueta alrededor de 1000 bolsas de sal en un día.

Ya adentrándonos de verdad en el salar, llegamos finalmente a estar rodeados por ese paisaje extraño que habíamos visto tanto en fotos. Paramos y nos bajamos del carro. Con caras estupidizadas de asombro veíamos a nuestro alrededor: blanco, muy blanco, brillante, plano, envolvente, deslumbrante, surrealista, impactante. De verdad que es como estar en otro mundo. En esa parte del salar se podían ver todavía algunas personas dándole a la sal con picos y palas y armando montañitas saladas para recolectarlas luego. Seguimos nuestro camino y paramos en el famoso hotel de sal. Sí, está hecho de sal. Antes la gente se podía quedar ahí, pero se dieron cuenta que mucha gente viviendo, comiendo, yendo al baño todos los días en un lugar construido de sal no era tan buena idea y todo el lugar se estaba deteriorando rápidamente, así que ahora funciona como un museo del salar y parada obligatoria de turistas con cara de maravillados y desorientados.

La siguiente parada fue la Isla Intiwasi, o Isla del Pescado, la cual se dice que es la única isla del mundo que está rodeada por sal y no por agua. Sobre esta isla, que recibe su nombre por su forma al verla desde arriba, hay formaciones rocosas y muchos, muchos cactus. Al llegar a la isla fue que sentimos Carlos y yo ya con toda su fuerza los efectos de nuestra nueva intoxicación, y de ahí todo se fue de picada. Nuestra visita a la Isla del Pescado se limitó al baño. De esta visita, por el bienestar de nuestros lectores, omitiré los detalles. No pudimos probar el almuerzo y nos perdimos de la sesión fotográfica sobre la parte más plana de la interminable blancura del salar. Y aquí entra nuestra única crítica al tour; en ese momento no sabíamos que el salar en sí era apenas medio día de los 3 días del tour, y nadie nos lo explicó bien. Así que pensábamos que tendríamos más salar, y en realidad esa sería la última vez que ibamos a estar parados sobre sal.

De vuelta en el Land Cruiser atravesamos el resto del salar y el comienzo del desierto que queda más al sur. Durante dos horas de subidas, bajadas y curvas de tierra y piedras, Tovi gozó como en el mejor de los rallies, y yo sufría con cada curva unas náuseas horribles. Finalmente llegamos a nuestra primera posada en medio de Uyuni; un refugio hecho de (adivinen…) sí, sal! Las paredes eran de ladrillos sólidos de sal y el suelo estaba cubierto en sal granulada (insertar aquí chiste acerca de cómo uno podría juntar un poco del suelo y echárselo a la comida). El lugar estaba super limpio, ordenado y todo iluminado, bastante agradable. Ahí Tovi (y sólo Tovi) disfrutó de pollo asado y papas fritas. Y después de eso, a la cama.

Nos despertamos al día siguiente con la nariz y la boca llenas de sal, tanto que el agua embotellada sabía un poco dulce. Agarramos las cosas y nos encaminamos al siguiente destino: el mirador de un volcán que estoy seguro que tenía nombre. Tovi y Carlos caminaron un rato por las rocas, con la imponente vista del volcán en el fondo. Ya en este punto la sal había quedado atrás, y el resto del tour era en montañas y desierto. De ahí nos fuimos al árbol de piedra, una formación rocosa de origen arénico (piedra que se formó hace miles de años por arena congelada… por cierto vieron cómo si uno dice algo con suficiente seguridad, suena como si estuviera diciendo palabras de verdad?) con forma que asemeja un poco a un árbol, y que nos hizo reírnos de cómo algo tan random como una piedra con una forma rara se convierte en atracción turística y objeto de cientos de miles de fotos. En los alrededores del famoso árbol había muchas otras formaciones rocosas, con forma de hongos y de naves espaciales estrelladas, por las cuales merodeamos por un rato y les pusimos nombres a algunas (no, no nos comimos el hongo).

En el camino tuvimos un pequeño problema técnico con el Land Cruiser (dije que son buenísimos, no infalibles), seguimos adelante. No sin antes bajarse Tovi del carro, asomarse al motor y poner cara de que sabía qué estaba pasando. Gustavo arregló rápidamente el problema y seguimos adelante hacia la Laguna Honda (de profunda, no de la marca de carros), donde nos sentamos un rato a ver los cientos de flamingos (literalmente cientos; Tovi intentó contarlos) que viven ahí. Sabían que los flamingos se alimentan sólo de las algas y microorganismos que viven en el agua? Bastante interesantes y raros los pájaros esos; y más aún verlos así en cientos.

De ahí nos fuimos a la Laguna Hedionda, nombrada así por su alto contenido de azufre (creativos estos bolivianos para nombrar sus lagunas). Se podrán imaginar el aroma que predomina en el área de la laguna. Caminamos un rato y nos instalamos en una mesita al aire libre, con el buen Land Cruiser sirviéndonos de escudo contra el viento, a almorzar. Yo hasta ese punto me seguía sintiendo mal, ya seguro más por debilidad de no tener nada en el estómago que por intoxicación. Así que decidí comer, y fue milagrosamente volver a la vida. Imagínense ver el mundo en blanco y negro por un par de días y que de repente todo vuelva a tener color. En fin, de ahí seguimos hacia la Laguna Colorada, que tiene la superficie del agua completamente roja, teñida por las algas que viven en ella. (gracias a este color también, los flamingos de esa laguna son bastante más rosados que los que viven en las otras lagunas de la zona). Ahí estuvimos luego un rato conversando con las llamas que encontramos a la orilla de la laguna, hasta que las logramos convencer que se dejaran tomar unas cuantas fotos. Después de un rato el frío nos venció (recuerden que estábamos a más de 3600 metros de altura) y nos dirigimos hacia nuestro segundo refugio. Llegamos justo al atardecer y apenas cayó el sol, no pudimos volver a salir del frío que hacía. Ahí estábamos disfrutando nuestra cena cuando por segunda vez en el viaje oímos el inconfundible acento tico, y el tico resultó ser Ronald, que andaba viajando por Perú y Bolivia, y oficialmente el segundo tico que encontramos así randommente (es una palabra, dije!) en nuestro viaje.

Salimos el tercer y último día hacia una serie de geysers que se encuentran a 5000 metros de altura y a temperatura bajo cero. Nos bajamos del carro por 2 minutos y tuvimos que volver antes de morir congelados a orillas de los geysers. Seguimos nuestro camino hacia la mejor parada de ese día: las aguas termales. A casi 4000 metros de altura, es una pequeña piscinita de aguas termales, en un lugar completamente helado (tanto que los pequeños charcos que había alrededor de la piscina, por agua que habría salpicado o de alguna otra forma salido de la piscina y terminado en el suelo, estaba congelada!). Considerábamos meternos, pero habíamos olvidado bajar las pantalonetas de nuestras mochilas, que estaban en ese momento amarradas entre un rollo interminable de lonas y cuerdas encima del Land Cruiser. A nuestro querido Gustavo le habría enojado mucho que lo hiciéramos bajar todo el chunchero, así que nos limitamos a mirar melancólicamente a los turistas felices que tanto parecían estar disfrutando el agua caliente. Pero… un momento! No todo estaba perdido, y el intrépido Carlos dijo: “yo me meto en boxers!”. No se diga más; en dos minutos estábamos Carlos y yo en boxers, a 4000 metros y unos cuantos grados por encima del cero. Pero todo valió la pena cuando nos metimos al agua… estaba calientísima! Nos remojamos un rato mientras Tovi nos veía desde afuera, todavía con el equipo completo de sueter, gorrito y bufanda. Carajo, realmente es una delicia meterse en aguas termales; quedamos tan calientitos y relajados que incluso después al volver a salir ni necesitamos abrigarnos de nuevo. Después del baño y el desayuno, quedamos listos para seguir.

La última parada del tour fue la Laguna Verde (siguen con la creatividad en los nombres). Como podrán adivinar, ésta era completamente verde, esta vez debido al alto contenido de cobre en el agua. Además, la laguna tiene bastante arsénico, por lo cual no hay absolutamente nada vivo ahí. Es una vista bastante impresionante y refrescante, ver desierto gris y café durante horas y de repente toparse con un parchón de agua de un verde fuerte, encendido. Estuvimos al lado de la laguna un rato (congelándonos) y empezamos el último tramo de nuestro recorrido.

Llegamos al último punto del viaje, donde nos despedimos de Gustavo y de nuestros compañeros alemanes y franceses. De ahí solo siguió el transfer que nos sacaría de Bolivia y nos llevaría de vuelta a la civilización (también conocido como Chile). Cruzamos la frontera sin contratiempos, a excepción del oficial de migración que no lograba encontrarle forma al palo de lluvia que había comprado yo en La Paz, y lo examinó detenidamente tratando de descifrar si era un arma primitiva o un contenedor de drogas, hasta que lo volteó y escuchó el sonido que hacía y como que de un momento a otro cayó en la brillante realización de que lo que tenía en sus manos era un instrumento musical. Nos montamos de vuelta en la buseta, y ésta salió del camino de tierra y entró a una moderna carretera asfaltada impecable; un momento bastante simbólico de nuestro paso de Bolivia a Chile.

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8 comentarios en “Uyuni”

  1. Hey Tui! Cada vez me gusta mas como escribís! Hasta ahora me puse al dia, llevaba dos posts de atraso… pero estaba esperando con ilusión poder sacar el rato para hacerlo.
    Que lindo todo esto que han vivido… Y que lindo poder seguir asi sus pasos! Siento que lo estoy viendo a través de tus ojos! Después de todo… sos parte de mi!!
    Espero con ansía que regresen… Vas a ser el mejor regalo de Navidad!
    PD. Que güevones! Siempre hicieron La Carretera de La Muerte! Bueno… me alegro también por eso.
    Te quiere,
    Papi.

  2. Pienso lo mismo que don Raymond, Adrio, estás hecho todo un escritor, yo creo que de todos, el que se fué siendo uno y vuelve siendo otro en mayor medida sos vos…

    Sigo leyendo y a la espera de Santiago, Bariloche y demás lugares…

    Los quiero!

  3. me encanta leer todo lo que escriben!!!…me alegra la vida!…ademas es increible todo lo que les pasa y todo lo que han vivido!!! que gran experiencia…es inspirador y me dan ganas de largarme tambien!….jijiji le voy a decir a alvaro y a cesar a ver si se van conmigo!!!

  4. Hasta ahora puedo leer pero antes ya me había enterado por Gema y por doña Evelyn de estas andanzas. Qué maravilla ver todo esto! Yo me he conformado con leer en “Escuela para todos” sobre el desierto de sal.
    Los esperamos con ansias. Gema.

  5. jajaj laguna hedionda y isla pescado! o si , esos nombres me hicieron el dia.. que fotos mas increibles! felicidades!
    y siento mucho lo de la diarrea severa de uds

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