La Paz

Estábamos montados un semi cómodo bus rumbo a la Paz, preguntándonos como iríamos a atravesar el Titicaca, para continuar el trayecto. Sería bordeándolo completamente? Sería en ferry o si tendríamos que nadar con la mochila en una gran bolsa de basura. La respuesta correcta sería “ferry”.

Después de aproximadamente una hora de bordear el Titicaca, llegamos a uno de los extremos del lago. Nos bajaron del bus, nos indicaron que camináramos siguiendo la carretera, ahí encontraríamos una casetilla donde nos venderían el tiquete para cruzar en una lanchita y que el bus pasaba en otro barco, que si no pasábamos rápido al llegar el bus al otro lado nos dejaban. Con ese aliciente buscamos rápidamente los tiquetes y cruzamos sin el menor de los problemas.

Ya del otro lado veíamos como el bus era traído por una tabla gigante que apenas se mantenía a flote. Milagrosamente el bus llego al otro lado sin ningún problema con nuestro equipaje seco y todo en orden.

Seguimos apreciando los paisajes que se iban convirtiendo poco a poco de desiertos áridos a polvorientos y pequeños poblados donde la pobreza se reflejaba sin piedad. Cada vez más cerca de la ciudad eran más las casas que ocupaban la nada, edificios desolados y otros con tantos colores que era imposible ignorarlos.

Pasamos a la par del aeropuerto más alto del mundo (4000 m.s.n.m.) inmediatamente a la derecha la entrada a una autopista y segundos después la vista de la ciudad de la paz, el atardecer la bañaba de un naranja que hacía vibrar cada uno de los colores que nos recibían.

El autobus nos dejó cerca del mercado de las brujas (lugar donde se puede encontrar cualquier cosas necesaria para conjuros, rituales, hechizos, etc) que era exactamente la misma zona donde se encontraba nuestro hostal.

El Cactus, ese es el nombre del que fue nuestro hogar. Recién llegados y ya estábamos hablando con Nico (Francés que está terminando su práctica de medicina en Bolivia) y Grant (Australiano que está recorriendo Sur América en bicicleta). Nos comentanban sobre su viaje y celebranban que iban a poder practicar el español.

Inicialmente la Paz no iba vernos más de uno o dos días, pero nuestras tarjetas de crédito y débito no pensaban lo mismo. La idea era encontrar el tour más cómodo (lease barato) a Uyuni y continuar el viaje. Ese día cenamos una deliciosa pizza y nos fuimos a descansar. Al día siguiente con las energías repuestas y con los “converse” puestos salimos dispuestos a encontrar quien nos llevaría hasta San Pedro de Atacama a traves de Uyuni.

La agencia que nos convenció resulto estar al lado del hostal. Felicidad la agente de viajes que nos atendió, nos contagió con su alegría y cómodo tour, así que nos íbamos con esa agencia. Las buenas noticias seguían llegando cuando nos enteramos que el tour a Tiwanaku y el tour en bicicleta a Coroico mejor conocido como la carretera de la muerte, estaban muchísimo más barato de lo que esperábamos. Imagínense que con lo que pensabamos pagar solo por el tour de Uyuni pagamos todo lo anterior. Salíamos al día siguiente para Coroico.

Llegó la hora de pagar tan maravilloso paquete y ninguna de las tarjetas quiso servir, decidimos ir a sacar dinero y nada, ningún cajero quería darnos dinero. Empezamos a preocuparnos ya que el efectivo que andábamos no era mucho y menos para pagar el tour. Tuvimos que dejar todo a modo de reserva y ver que podíamos hacer con respecto al asunto dinero.

Esa noche en el hostal conocimos a Julie (brasileña que andaba conociendo más de su continente) también a Lise (Noruega que decidió hace unos meses como nosotros soltar todo y largarse y ver a donde la lleva el viento) además de Mathilde (Francesa que esta cumpliendo su sueño de conocer Sur América) ya junto a Grant y Nico eramos un buen grupo de desconocidos compartiendo anécdotas del viaje y de como habíamos llegado a dar ahí.

En un punto de la noche el lugar se convirtió en un centro de estudio, gracias a German (el que cuida y administra el hostal) ya que como está en clases de ingles, llega a solicitar ayuda a los turistas presentes para hacer sus tareas. Entonces en ese momento los que no sabían español sacaron sus cuadernos y empezaron a aprender ese segundo o tercer idioma. Se pueden imaginar que ahí estábamos nosotros haciendo de profesores tanto de ingles como de español.

Volvió a salir el sol y fuimos a ver si ya nuestras queridas amigas de plástico les daba la gana servir. Cruzamos los dedos, fuimos al cajero y…. nada! el sistema seguía diciéndonos que no se podía tramitar la operación. Intentamos llamar al banco emisor para saber que pasaba y nada, no contestaban y no había forma de comunicarse con ellos, era como si Costa Rica hubiera desaparecido.

Decidimos como último recurso ir de nuevo a la agencia de turismo e intentar de nuevo pagar directamente con el plástico y esta vez si funcionó. Ya teníamos el pasaje directo hasta chile y varios días organizados para conocer más de Bolivia.

Así que amaneció y entró al hostal un hombre preguntando por loj tré. Lo seguimos y a tres cuadras del hostal en un pequeño restaurante nos esperaba el desayuno, que sería nuestro combustible para el descenso por la carretera más peligrosa del mundo.

Ascendimos en una microbus a 4700 m.s.n.m. lugar de donde empezaríamos a bajar. La adrenalina ya empezaba a recorrer el cuerpo. Nos dieron ropa, guantes, casco y bicicleta. Un par de vueltas de prueba en el pequeño claro que estábamos. Una garúa constante y muchísimas nubes nos acompañaban y multiplicaban el frío considerablemente. Una llamada del guía, una serie de consejos e indicaciones básicas para la ruta y a bajar!!

Tan solo a los pocos minutos de haber empezado el descenso las manos ya dolían del frío tratando de congelarlas. El agua a su vez impedía que pudiéramos abrir los ojos completamente y la expresión de la cara era una sola ya que el viento helado no dejaba poner otra.

Esta primera parte era en pavimento con vistas espectaculares de nubes y paredes de piedra que se alzan hacia el cielo con gran cantidad de caídas de agua que bañaban los muros. Después de unos 20km de bajar, subimos nuevamente a la micro y nos llevaron por una subida de 8km que obviamente nosotros queríamos hacerlo pedaleando, pero el guía decidió que no, así que como niños regañados entramos a la microbus.

Volvimos a bajar de la micro y de vuelta a las dos llantas. Ahí empezaba el camino de la muerte. El nombre viene por que es una carretera tan angosta por la cual transitaban buses turísticos, locales, camiones de carga, autos particulares y cualquiera que quisiera ir entre Coroico y la Paz. El camino ha cobrado la vida de cientos de personas por la cantidad de buses y autos que se han ido en los barrancos de más de cien metros.

Pero desde el año pasado la ruta no es más que una ruta para bicicletas ya que inaguraron una excelente carretera para el transito en general y no permiten que transite ningún otro tipo de vehículo por la vía antigua, así que la ruta es completamente realizable sin peligro los únicos accidentes que han habido desde entonces son contados, por irresponsabilidad de los ciclistas que hacen la ruta.

Ahí estábamos la lluvia y la neblina no se querían ir así que no quedaba más que continuar. La ruta es realmente estrecha y la pendiente interminable intenta acelerar al máximo la bicicleta en cada tramo. Entre el frío y la vibración de la bicicleta las manos y las muñecas pedían cada vez más una pausa, pero el descenso seguía. Apenas se entraba a un claro donde la neblina no habitaba era impresionante ver las caídas de metros y sobre todo imaginarse como hacían los grandes camiones para pasar por ahí.

Al rato de bajar cuando la neblina era menos densa, tuvimos el susto más grande del trayecto, donde tovi no pudo tomar una curva a causa de las piedras y salió disparado (literalmente) hacia el caño. Yo venía detrás de él así que aceleré el paso y en dos segundos ya estaba a su lado. Se quedo en el suelo unos segundos, se empezó a mover un poco adolorido con un par de golpes el muslo derecho y en la mueñeca del mismo lado, pero nada serio. Adrio se había devuelto ya y como es típico de nosotros no había terminado de levantarse cuando ya estábamos haciendo bromas de lo que acababa de pasar. Llego la microbus que nos seguía de cerca en la que tovi continuó por un pequeño tramo de la ruta para recuperarse de la caída.

Ya el clima había variando bastante, los 3000 m.s.n.m ya habían quedado atrás hacía rato y donde nos acercábamos a los 2000 m.s.n.m el lugar ya empezaba a calentar. Llegamos a la primera parada del recorrido donde nos dieron un snack (coca y yogurt) y a seguir pedaleando.

500 metros más abajo la neblina ya no existía, la visibilidad era perfecta y se avanzaba a mayor velocidad hasta dar con el final oficial del camino de la muerte donde Tovi se volvió a unir a la caravana y pedalear el último trayecto de la ruta donde llegaríamos a los 1200mts de altura. Nos sentíamos como en casa, el aire lleno de oxigeno, un calor acogedor y dando mayor potencia a cada pedaleada. Atravesamos un par de ríos y llegamos a la población Yolosa meta del recorrido.

La sonrisa en la cara era inexplicable, con barro en todo lado, las manos entumidas del frío pero más vivos que nunca. De ahí seguimos en la micro hasta el pueblo de Coroico donde nos esperaba una deliciosa ducha caliente y un bufete donde podíamos comer todo lo que pudiéramos que como se imaginan le dimos sentido a comer todo lo que pudiéramos. A eso de las tres de la tarde empezamos el regreso a la Paz para ir llegando a las ocho o nueve aproximadamente.

La llegada al hostal fue como llegar a casa, todos nuestros nuevos amigos esperándonos y preguntándonos como había estado el día con una familiaridad como si tuviéramos años de vivir juntos. La idea era llegar a dormir por que a las ocho de la mañana siguiente ibamos para Tiwanaku, pero el ambiente se presto para amanecer hablando con los presentes en el hostal.

Tiwanaku se supone es la cuna de los grandes imperios que dominaron los Andes, entre ellos la conocida cultura Inca. Ahí vimos el monolito de siete metros con treinta centímetros y un ancho de un metro con veinte centímetros, con un peso de veinte toneladas. Fue tallado en un sólo bloque de forma rectangular.

Según nos dijeron es la imagen de la Pachamama. (Madre tierra) la tienen encerrada para preservarla en un museo que esta siendo construido ya que alguien tuvo la genial idea hace unos años atrás de trasladarlo a la plaza estadio ubicada en la Paz a 45 minutos de Tiwanaku donde se empezó a deteriorar con todas las plantas que le pusieron para adornarlo.

Visitamos en el mismo lugar la puerta del sol la cual les indicaba las fechas indicadas para los cultivos y las cosechas. El templo semi-subterráneo donde se ven una serie de cabezas esculpidas en la roca a lo largo de toda la pared, con tres monolitos más en el centro del lugar. El Kalasasaya Templo astronómico que junto a la puerta del sol se lleva el control de todo el año. La piramide de akapana es una imponente estructura piramidal, con 8000 m. de perímetro, 7 terrazas escalonadas, 18 metros de altura. Actualmente se aprecian solo los últimos 6 escalones de la pirámide pero están trabajando constantemente en desenterrar y restaurar la totalidad de la pirámide.

Es un lugar de una riqueza arquitectónica pre-incaica impresionante es un lugar digno de volver a visitar dentro de unos años y poder apreciar toda la magnitud del lugar, lo que vimos fue una pequeña pincelada del mismo ya que la totalidad de construcción abarca miles de metros cuadrados que aun quedan por desenterrar.

De vuelta a nuestra casa, digo hostal nos encontramos con Julie y Lise con las que fuimos a tomar un café y comer algo para después tener otra dura despedida. Llamamos el taxi para irnos a la terminal del bus pero no quería llegar. Nico, Julie y Lise esperaban con nosotros, ya dábamos por perdido el bus.

Es increíble lo que uno puede llegar a encariñarse con las personas en tan poco tiempo. Gente que hace unos días ni siquiera existían en nuestras vidas, ahora estaban a la puerta del hostal despidiendonos. Deseandonos el mejor de los viajes, con nudos en las gargantas y los ojos mojados prometiendo reuniríamos de nuevo en alguna parte del mundo.

Ya en el taxi los veiamos quedarse, preocupados por la incertidumbre de si llegariamos a tiempo a la terminal y poniendo de nuevo la vista en el sur para poder seguir adelante. Llegamos justo para abordar el bus y pasar una noche más en un asiento de bus. Pero esta vez con destino Uyuni.

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