Otavalo

No había ni amanecido y ya estábamos en pie. Nos esperaban más de 14 horas de ruta entre taxis, buses, cruce de frontera y demás. Así que a las 5:30am llegá al Hostal Familiar en Popayán el taxi que nos llevaría a la terminal donde compraríamos el tiquete que nos llevaría por el último tramo de Colombia que nos faltaba recorrer. Llegamos a la terminal, empezó el ritual de decidir a cuál empresa confiaríamos nuestras vidas para el viaje. Una vez comprado el tiquete volvió la emoción de moverse y a la vez un sentimiento de tristeza por saber que serían las últimas horas en un país que nos dio muchísimo más de lo que esperábamos…

Así que a las 6:30 salió la microbus a Ipiales (pueblo que colinda con Tulcán, del lado de Ecuador). La vista durante este recorrido es impresionante. Uno va en una pequeña cajita metálica con cuatro ruedas, bordeando, subiendo bajando, atravesando macizos gigantes de tierra, con precipicios que apenas y se puede ver donde terminan. A diferencia de Costa Rica, que a donde uno vea en el camino ve verde, ahí se ve todo seco y árido, lo que hace más impresionante el sentimiento de inmensidad. Llegamos a Ipiales tres horas después de lo que se suponía duraba el viaje, buscando comida a donde fuera, ya que nuestro desayuno apenas y había existido. Pero ver el rótulo Bienvenidos a Ecuador a unos cuantos pasos de nosotros lo aliviaba todo.

Sellaron nuestros pasaportes, encontrramos una sodita y comimos. Una vez con el alma devuelta en el cuerpo, tomamos las mochilas y a caminar directo a Ecuador. Pasamos sin el menor contratiempo la frontera y otro bus! Ahora la ruta Tulcan-Otavalo que inicialmente sería Tulcan-Quito pero con la demora del bus anterior decidimos quedarnos en el pueblo de la Plaza de Ponchos, y que de todas formas lo visitaríamos en los próximos días. Aproximadamente dos horas después, el asistente del chofer del bus nos preguntó que a dónde era que íbamos, a lo que respondimos “Otavalo”. El señor alarmado nos respondió que era el pueblo que acabábamos de pasar y que nos tendríamos que bajar en Eugenio Espejo, que era el siguiente pueblo que está a hora y media de Otavalo!! Mentira, era tan solo a 5 min y fue lo mejor que nos pudo haber pasado.

Ya con las estrellas sobre nosotros, bajamos del bus esperando encontrar un taxi rápidamente. Para nuestra sorpresa, había disponible uno justo en la esquina de en frente. La señora que estaba con el taxista nos ofreció hospedaje, pero decidimos seguir con nuestro plan de los hostales recomendados en el centro de Otavalo. Mientras nos acercábamos al centro, conocimos mejor a nuestro taxista Stalin, hijo de las señora que nos acababa de ofrecer hospedaje. Su sencillez y humildad nos hizo confiar inmediatamente en él. Al llegar al centro y encontrar que el hostal al que íbamos estaba lleno, decidimos seguir nuestra suerte y devolvernos a la Hostería Laguna San Pablo, la que estaba exactamente en frente de donde nos había dejado el bus.

La Hosteria es un pequeño palacio al que llegamos porque teniamos que llegar ahí. Doña Magdalena, dueña de la hostería, nos recibió y trató como si fuéramos sus hijos. La tarifa por noche no podía ser mas cómoda y cada comida era igual de accesible para nuestro presupuesto. Después de una breve introducción de quiénes somos, llegó un café instantáneo con pan que nos reconfortó y dejo listos para ir a dormir.

Las cosas cada vez se ponían mejor. El plan era visitar la Laguna San Pablo, la Cascada Peguche, y en el centro de Otavalo la Plaza del los Ponchos, plaza donde los indígenas de la zona llevan sus artesanías para venderlas. Así que a la mañana siguiente al comentarle el plan a Stalin y a Doña Magda, nos pusieron al tanto que la Laguna está a quince minutos a pie de donde estábamos y la cascada a un poco más de la misma forma. Sin dudarlo terminamos nuestro desayuno y empezamos a andar.

En el horizonte se divisaba un imponente cerro y cada paso que dábamos nos llenábamos más de sur. De un pronto a otro apareció la gigantesca laguna de San Pablo, donde fácil cabe toda la Sabana. Seguimos bordeándola para encontrar el río que nace de ella y seguirlo hasta dar con la cascada de Peguche. Siguiendo el río se veía cada vez más indígenas pastoreando ovejas y cerdos principalmente, otros lavando la ropa a la orilla del río y niños acompañando a los que hacían sus deberes. Después de un buen rato de caminar, dimos con el poblado de Peguche, que es el que cuida las puertas para la entrada a la cascada.

El lugar es mágico, con senderos bordeados de árboles con cientos de años, verde y agua por doquier. Pocos minutos después de adentrarse por los senderos, aparece la cascada precipitándose con una fuerza impresionate, creando ráfagas de viento sumamente refrescantes por las gotas de agua que llevan con ellas. Continuamos recorriendo cada sendero que encontrábamos. La lluvia nos acompañaba de vez en cuando pero no era razón suficiente para hacernos dejar ningún sendero para después. Una vez completado el recorrido continuamos nuestra caminata hacia el centro de Otavalo. Llegamos a la Plaza de los Ponchos a eso de las tres de la tarde, cuando ya la mayoría de puestos estaban cerrando, así que dejamos para el próximo día nuestra compra de artesanías. Volvimos a la hostería para tener una deliciosa cena y descansar.

A la mañana siguiente con todos los puestos disponibles para nosotros, empezó la busqueda por nuestras ropas de frío. La plaza nos recibió con un colorido y variedad impresionante de artesanías, tales como: manteles, ponchos, gorros, bufandas, abrigos de lana y alpaca, todo a precios realmente bajos. Fue sumamente difícil decidir qué llevar y decir que no a la cantidad de cosas geniales que ofrecían. La tarde empezaba a caer y ya Quito nos llamaba.

De vuelta en la mesa de doña Magda conocimos a Humberto, nuestro nuevo amigo de Otavalo, indígena de la zona. Después de un rato de estar hablando con él, nos dijo que era una lástima que nos fuéramos al amancer, porque le hubiera encantado invitarnos a su casa y a sus plantaciones de tomate de árbol. Como se pueden imaginar, no dudamos ni un segundo en extender nuestra estadía en Otavalo y aceptar la invitación de un hombre al que el ingenio y la determinación se le desbordan por doquier.

Cuando el reloj marcaba las 5:30am ya estábamos desayunando con Humberto para irnos hacia su casa. Tomamos un bus y en veinte minutos estabamos en uno de los lugares con las vistas más increíbles de la zona. Empezamos a descender la montaña por sus propiedades y de amigos de él para dar con su casa un par de horas después, donde nos prepararon papas, huevos duros, habas tostadas, pan integral de trigo y agua de panela (aguadulce). Su esposa Roselin nos recibió con gran agrado y también conocimos a Segundo, otro emprendedor de la zona que busca como superarse con la dura situación por el bajo precio en que actualmente compran sus cosechas.

Estar ahí entre gente de la zona nos llevo a otro mundo, a gente tan sencilla y amable que abre sus puertas a la gente que pasa por su lado con el simple propósito de hacer amistades y crear lazos, sin pedir nada a cambio. Humberto nos comentaba orgulloso de los planes de construir cabañas sencillas para turistas y ojala poder convertir su casa en una casa de huéspedes para estudiantes. Además tiene planes de comprarse un tractor, ya que estaba llevando clases para poder obtener la licencia. Gracias a la iniciativa del actual gobierno ecuatoriano, ellos ahora pueden llevar las clases sin ningún costo. Después de habernos alimentado y regalarnos una bolsa de habas tostadas gigante, nos mostró la ruta de regreso a través de la montaña. Con una calurosa despedida nos dijo que ya tenía tres amigos más y que esperaba que si volvíamos por la zona, no olvidáramos visitarlo.

Ya en la hostería, con la sensación de haber entrado en un cuento y de haber vuelto a la realidad, decidimos pasar una noche más en ese lugar increíble que habíamos encontrado a tan solo dos horas de Quito. Definitivamente los edificios y la ciudad podían esperar un día más. Así que ya saben, si alguna vez llegan a Otavalo, sigan 5min más al sur para llegar al pueblito de Eugenio Espejo, y en seguida encontrarán la Hostería Laguna San Pablo. Una vez ahí, pregúntenle a doña Magda por Humberto y díganles que son amigos de los tres ticos que un octubre anduvieron por esos rumbos.

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16 comentarios en “Otavalo”

  1. Muchachos,
    los lugares que están conociendo y la riqueza de las vivencias que están teniendo cada dia, es un tesoro que les durará para toda la vida.
    Y lo mas importante de todo: la gente. La gente que han conocido y van a conocer. La huella que esas personas van a dejar en ustedes, y las que ustedes dejaran en ellos. Eso no se quita nunca.
    De verdad que cada vez me lleno mas de emoción al leer sus crónicas. Que lindo lo que están haciendo y que alegría siento de que les esté yendo tan bien. Ah, y además, cada dia escriben mejor… los tres!
    Los admiro, los envidio… y los acompaño.
    Ray

  2. Los tres frente a la compu de la casa, leyendo su crónica del viaje pensamos: así es como se tiene que viajar!!! El itinerario lo marca el lugar y las personas que se conocen en él. No hay nada que pueda ser mejor que eso!!! Los queremos mucho!

  3. También estoy disfrutando de estas narraciones que nos hacen de los países suramericanos, cosa que me gustaría imitar alguna vez. Sigan por el mismo camino, disfrutando de este momento que la vida les da. Muchas felicidades!

  4. Hey… la mejor experiencia es la ke se encuentra en el camino, si no es el camino en sí! Humberto se ha de haber sentido demasiado bien enseñando sus logros! y sus planes de desarrollos son impulsados por sus nuevos amigos… por poko ke parezca… fueron un aliento para el y su futuro!

  5. Que tan increible puede ser el contacto humano y como le marca a uno la vida la gente y uno se las puede marcar de vuelta. Es como lo mejor que tenemos. Increible.

    <3 Los quiero de nuevo.

  6. Hoy estoy de vuelta releyendo lo que Carlos escribe y cada vez me parece más importante y precioso que la vida les haya dado esta oportunidad. Las fotos, preciosas, y ustedes se ven guapísimos con su ropa de frío. Pero y no se me resientan los otros dos al que le ha caido de maravillas el periplo sureño es a Adrio. ¡Querido Adrio, estás guapísimo! Los quiero mucho.

  7. Tovi es demasiado feliz! que belleza <3! Me alegra que esten pasandola tan bien! Disfruten todo lo que puedan, not everyone has the chance to take such a trip.

  8. hola Ricky,Carlos y Adrio en donde estan diganme hay nuevos sitios turisticos ¿que monedas nuevas hay? pueden intentar mandarme las fotos que han tomado escribanme ATT SERGIO A

  9. Majes!!!! No es por ser alarmista pero donde demonios están??

    Espero que ya en suelo peruano, porque tienen 10 días para estar en Cuzco!!! Ánimo compays y no dejen el camino por tomar la vereda! 🙂

  10. Excelentes fotos amigo! Esta muy tuanis el post! Sigan conociendo todo lo que puedan y gracias por compartirlo! Sigan “viviendo”, un abrazo, un saludo muy grande y puta…aunque sea 10 cañas les mando! Disfruten y cuidense mucho!

  11. Hasta hoy me entero de esto, y está increible!!! qué dichosos!, por dicha lo estan compartiendo todo con nosotros. Ahora tengo dos cosas que seguir, Heroes los lunes y esto que parece ser como cada tres días + ó – . Los envidio con todo mi corazon!! 🙂 Suerte y un abrazo!!

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