Camino Inca y Machupicchu

El 19 de octubre nos encontró emocionados, ansiosos, sobresaltados de que ya fuera 19. Cuando uno espera algo por tanto tiempo, especialmente cuando tiene fecha, parece que nunca va a llegar, pero uno ni cuenta se da cuando de repente ya llegó el día.

Nuestros espacios para el Camino Inca quedaron reservados con fecha 19 de octubre, desde principios de julio. Ya desde ese entonces estaban completamente llenos hasta esa fecha los cupos para las 500 personas que se permiten al día. Llegando acá la gente nos comentaba lo afortunados (afortunados? sabios!) que éramos en tener las reservaciones; muchísima gente se queda sin hacer el camino por no haber reservado con suficiente antelación.

Después de previas instrucciones de parte de Don Hernán, el señor que contactamos hace meses cuando hicimos la reservación, pasaron a recogernos al hostal, en un bus con 10 personas más que serían nuestros compañeros de caminata, mas dos guías. Nos tocó un grupo excelente. Eran 5 parejas de europeos y nosotros; entonces éramos los diferentes del grupo, pero nos llevamos muy bien con todos. Nos tocó con una pareja de ingleses, Nick y Hailey, y también iban los papás de Hailey, William y Caroline, dos señores ya mayores que impresionaron a todo el mundo con su condición física y su espíritu aventurero. Luego estaban los franceses, Ben y Barbara, y los belgas, Louise y su esposo (cuyo nombre escapa a nuestra memoria), y los españoles (bueno, catalanes) Eduardo y Begoña, de quienes nos terminamos haciendo muy amigos al cabo de la travesía. Finalmente estaban los dos guías, Freddy y Pepe Lucho, que completaban la familia con la que convivimos durante cuatro días y tres noches.

Nos encaminamos hacia el pueblo de Ollantaytambo, donde paramos por provisiones (agua, barras de granola, Tang, chocolates, hojas de coca, y nuestros bastones para caminar: Tom, Pollo y Lucho). Poco tiempo después estábamos en Piskakucho, el kilómetro 82 de la vía férrea que se dirige a Machu Picchu; el punto inicial de nuestra caminata. Mochilas a la espalda con todo y sleeping bag y colchoneta, los buenos Hi-Tec bien amarrados, atollados de bloqueador solar, botellas de agua listas, bastón en mano, y emprendimos la caminata. Según nos dijo el guía (y entenderíamos al día siguiente) el primer día es básicamente el entrenamiento. Unas cuatro horas de caminar, con algunas subidas y bajadas, tampoco facilísimo pero sí llegamos al primer campamento bastante enteritos. En general, alguien con condición física por arriba del promedio (porque, admitámoslo, el promedio es terrible) puede hacer la caminata sin mucho problema.

Hay que ser sinceros; el Camino Inca no es fácil, pero lo tratan a uno muy, muy bien. En los campamentos y en las paradas de almuerzo nos esperaban muy buenas comidas, siempre con sopa, un plato bien completo, y té de coca, siempre mucho té de coca. Como nos decía nuestra amiga Marce, que no tuvo tanto lujo como nosotros cuando hizo el camino: “los odio! ustedes son de los que les llevan la comida y todas las cosas!”. Y aquí es donde entran en juego los porteadores; hombres de todas las edades que trabajan para las compañías que organizan los tours del Camino Inca. A los porteadores les toca llevar todo el equipo del que tan cómodamene disfrutamos nosotros en cada parada: tiendas de campaña, mesas, bancos, utensilios de cocina, más la comida de todo el grupo para los cuatro días. Ellos tienen que ir más rápido que los grupos, para poder llegar antes a cada parada y alistar (setuppear) el campamento y cocinar el almuerzo o cena. Así que a lo largo de todo el camino, de repente se escuchaban gritos que anunciaban “porteador!” para dejarlos pasar. Todo lo orgulloso que se siente uno de estar haciendo la caminata se desmorona cuando pasan los porteadores volando a la par como si nada. Su condición física es impresionante; cada uno carga paquetes de hasta 20 kg (en teoría, porque a veces se veían mucho más pesados que eso), y la mayoría hace todo el camino con un simple par de sandalias.

Ya sabíamos de antemano que el segundo día era el más difícil, sólo que no nos imaginábamos qué tanto. Es el más difícil porque se sube hasta el punto más alto del trayecto; el Paso de la Mujer Muerta, a 4200 metros sobre el nivel del mar. La subida es larga y constante; unas dos horas y media de subir seguido. Cada paso y cada grada es más difícil que la anterior. Después de cierta altura el cuerpo no responde igual, todo pesa más, la respiración se agita y se acorta muy fácilmente. Súmenle a esto el peso de la mochila en la espalda, y se va dando cuenta uno de por qué dicen que es el día más difícil.

Pero así como es difícil, así de satisfactorio es llegar a la cima. Yo pude tomar un ritmo más rápido que Carlos y Tovi (Carlos estaba con una gripe que lo estaba matando, por cierto); en la subida me les adelanté y terminé llegando a la cima unos minutos antes que ellos. Cada persona que llegaba arriba era alentada con gritos y aplausos de sus compañeros de grupo que ya estaban en la cima. Así, Eduardo y Begoña, que habían llegado a la cima hacía rato, junto con el resto de nuestro grupo, me alentaron para poder subir los últimos metros, definitivamente los más difíciles por la altura y lo inservibles que se sienten las piernas en ese punto. Descansando arriba y esperando a los últimos dos, les enseñé a nuestros amigos españoles, franceses e ingleses (y los guías también) un buen canto para ayudar a Carlos y a Tovi a terminar la subida. Así que llegando a la cima, fueron recibidos con un sonoro “ooee oe oe ooeeee ticooos ticooos!” (tuve que explicarles qué son ticos; ninguno sabía). Tovi se inyectó tanto que subió las últimas gradas casi corriendo. Fue un momento memorable.

En la cima descansamos, celebramos, e hicimos ofrendas a la Pachamama como agradecimiento de habernos permitido llegar hasta ahí (Tovi no porque es el menos chancletudo). De ahí en adelante todo era bajada; eso suena bonito en teoría pero la realidad fue otra. Fueron casi dos horas de bajar gradas, gradas, gradas, gradas, gradas, gradas, gradas y más gradas (y esto se queda corto). Gradas de piedra, empinadas, resbalosas. Después de la subida, las piernas y las rodillas ya no echaban; a la mitad de la bajada ya empezaban a temblar. Tovi y yo nos adelantamos en la bajada, y dejamos a Carlos rezagado varios cientos de gradas atrás. “Por qué tan lento mae?” le pregunté en un punto, a lo cual me contestó nada más moviendo la cabeza con un “no sé que me pasa”. De repente, cuando ya no faltaba tanto para llegar al campamento, y cuando pensábamos que Carlos habría quedado tirado ya en la grada número 1700, nada más sentimos alguien que nos pasa volando a la par y nos dice “por qué tan lentos maes?”. A Carlos se le metió el espíritu inca y le dio un impulso de energía inexplicable, y terminó siendo el primero de nosotros en llegar al campamento. Carlos… no traten de entenderlo.

Nosotros en un principio pensábamos que el Camino Inca serían cuatro días de caminar sin parar. Cuando supimos que eran sólo (“sólo”! ja!) unas seis horas de caminata al día, nos empezamos a preguntar qué hace uno ahí el resto del día. Cuando llegamos al campamento a las 2 de la tarde aproximadamente encontramos la respuesta: no podíamos movernos más. Recibimos nuestra recompensa en forma de jugo de maracuyá caliente, almorzamos, y colapsamos en nuestra tienda. El agotamiento y el dolor de pies, piernas y hombros (trapecio para ser exactos) debido a la caminata y a la mochila nos dio qué hacer el resto de la tarde: yacer inertes. Con dificultad logramos levantarnos para el té y la cena (sí, nos daban té con palomitas y galletitas y cena todos los días), y sólo Carlos se quedó después hablando con los franceses (andaba con el espíritu Inca metido todavía).

Ya habíamos pasado lo más duro, pero el tercer día fue la caminata más larga. También es el día más interesante, porque se pasa por varios sitios arqueológicos de ruinas incas. A lo todo lo largo del Camino Inca había construcciones con distintos propósitos: lugares de vivienda, sitios de descanso (tambos), puestos de vigilancia (pukaras), terrazas para la agricultura, y templos y otros tipos de sitios de rituales sagrados. A diferencia de muchas otras ruinas incas en la región de Cusco, ninguna de estas construcciones fue encontrada por conquistadores españoles, por lo cual se mantienen intactos (salvo los efectos de la vegetación y el paso del tiempo).

Nos levantamos a las 6 AM con el llamado de “coca tea!” de Wilfredo, nuestro Inca personal (bueno, el porteador encargado del coca tea). Salimos de nuestra tienda para encontrarnos con un día despejado y un gran cerro nevado al frente, una vista que dejaría a cualquiera sin aliento (y más a esa altura). Realmente el clima estuvo excelente durante todos los cuatro dias; tuvimos mucho sol y cielos despejados, y nos llovió solo en las noches cuando ya estabamos (semi) protegidos por nuestra tienda de campaña.

Empezamos la caminata con una pequeña subida hasta el pukara de Runkarakay (significa “ovoide” por su forma “ovoide”), donde Pepe Lucho nos dio una… de… sus… pausadas… explicaciones (kalachupi, Pepe!). Ahora seguía el segundo paso, más fácil que el primero, pero también bastante agotador. Creo que es una combinación de la altura, el cansancio de los músculos y un fuerte efecto psicológico de estar viendo siempre la cima a la que se tiene que llegar y sentir que no se avanza, lo que causa en general que se hagan tan cansadas esas subidas. Uno piensa que a la próxima vuelta ya va a estar el último trecho antes de la cima y siempre hay más y más (…excepto en el último).

La siguiente parada después del paso fueron las ruinas de Sayaqmarka, que servía también de pukara pero además era un sitio ceremonial. Faltaban unos 25 minutos bajando y luego subiendo a través de la selva antes de llegar al lugar del almuerzo. El espíritu inca se nos metió a todos esta vez y poco nos faltó para hacer todo ese tramo corriendo. Con la misma energía salimos después de almorzar y la próxima hora fue increíble; Tovi y yo íbamos rápido pasándole a varios grupos, y de repente escuchamos el familiar grito de “porteador!”. En un acuerdo tácito, los dejamos pasar y de inmediato nos pegamos a ellos, aumentando aún más nuestro ritmo y completando esa sección del camino todo a paso de porteador. Llegamos al tercer paso de primeros, y unos cinco minutos después apareció Carlos junto a Bego y Eduardo. Pasaron unos diez minutos más antes que apareciera el resto del grupo (hispanos a la cabeza!).

El tercer paso es el de Phuyupatamarka (“pueblo por encima de las nubes”). Las ruinas servían de terrazas agrícolas, además de ser otro pukara y sitio sagrado. A partir de ahí seguía la parte más difícil del tercer día, según los guías; una bajada constante y empinada de dos horas. El camino en esta parte es 100% Camino Inca original, a diferencia de las primeras secciones del trayecto, las cuales fueron desplazadas cuando se realizó la construcción de la línea del tren paralelo al río Urubamba. Entonces el camino en sí es impresionante; muchas de las gradas fueron talladas en gigantescas piedras que nunca fueron movidas de su posición original en la montaña. De hecho todo el sistema de construcción inca se basaba en adaptarse a las condiciones de la naturaleza (topográficas, climáticas). Es decir, en lugar de tratar de modificar la forma de la montaña para realizar sus construcciones, adaptaban la forma de las terrazas y demás elementos de sus obras a las condiciones topográficas existentes. Era verdaderamente un sistema de construcción en completa armonía con la naturaleza.

En esta parte fue donde realmente el equipo hispano tomó liderazgo. Bego, Eduardo, Carlos, Tovi y yo nos despegamos del grupo en los primeros minutos del descenso, y de ahí en adelante fluimos como agua por las centenarias piedras incas. Después de pasarle a varios grupos, de repente nos encontramos con un Camino Inca vacío, completamente para nosotros. Fue mágico; no vimos una sola persona más hasta el último campamento. Ibamos los cinco completamente juntos, y al final parecía que nos vinieran persiguiendo, pero el mismo impulso que llevábamos (el mental y el de la gravedad cuando uno corre cuesta abajo) no nos dejó frenar hasta que llegamos a nuestro destino, de primeros. Uno de los porteadores, sorprendido y muy sonriente, nos felicitó a nuestra llegada. Tiempo total del último tramo: hora y media, 30 minutos menos que lo normal.

Cerca del último campamento están las imponentes ruinas de Wiñaywayna (“siempre joven”). Ir a visitarlas es opcional, porque no quedan exactamente sobre el trayecto, sino que están después de una pequeña desviación. Como fuimos tan veloces, nos premiamos con una visita a estas ruinas. La gente llega cansada al último campamento, y creo que además no saben lo cerca que queda Wiñaywayna, así que casi todos optan por saltarse la visita y quedarse descansando. No saben de lo que se pierden. Freddy nos acompañó en una caminata mucho más corta de lo que esperábamos; menos de cinco minutos. Cuando uno menos se lo espera, se llega a un claro entre los árboles, y se topa de frente con una impresionante (disculpen el presente y futuro abuso de este adjetivo, realmente es la única forma de describirlo) vista. Hacia arriba y abajo, una enorme serie de terrazas cubren una gran sección de la cara de la montaña. El sol de la tarde iluminaba las terrazas, el templo, y más abajo, las viviendas que conforman Wiñaywayna. Lo hace aún más imponente el hecho de que las ruinas están completamente rodeada de cerca por montañas, sin ningún otro acceso que por el que entramos. Es una mini-ciudad completamente encerrada, que transmite una sensación de grandeza pero a la vez de aislamiento y seguridad. Esto, sumado al hecho de que éramos alrededor de 10 personas en las ruinas, hizo que la visita fuera lo mejor del camino hasta ese momento.

Se cree que Wiñaywayna fue un sitio de experimentación agrícola, donde los agrónomos incas adaptaban nuevos tipos de cultivos. Además era un sitio sagrado, donde vivían sacerdotes y realizaban ceremonias en el Templo del Arcoiris, que se encuentra en la parte superior de la construcción y tiene siete ventanas; una para cada color del arcoiris. Bajando al lado de las terrazas hay una serie de fuentes, alimentadas por aguas de cascadas que fluyen en la parte superior de la montaña. El agua es desviada por canales de piedra y llega hasta Wiñaywayna, donde cae sucesivamente por una serie de 12 piletas. El agua no ha dejado de fluir por esas fuentes desde su construcción hace más de 500 años. En la parte inferior del complejo están las ruinas de las viviendas, las cuales pudimos disfrutar en completa soledad hasta que se empezó a ocultar el sol y se nos hacía tarde para el té (y las galletitas).

El último campamento es un complejo turístico con todo y restaurante; muy distinto a los anteriores campamentos que eran en medio de la selva sin nada más que tiendas de campaña. Ahí disfrutamos de la última cena, un verdadero festín que fue recibido con dientes afilados y aplausos para el cocinero. Nos tomamos un par de Cusqueñas, nos dimos una ducha caliente (sí, hasta ahora nos bañábamos) y nos fuimos a dormir, preparándonos para la culminación de nuestra travesía.

Eran las 3:45 AM cuando nos llegaron a despertar. De por sí ya estábamos despiertos; ninguno podía dormir un minuto más. Nos preparamos rápidamente y nos dirigimos al portón que marca el último puesto de control del Camino Inca. Lo abren hasta las 5:30, pero llegamos a hacer fila a las 4:45 (porque nos encanta hacer filas!). Abrieron las puertas y eso fue como soltar una estampida de toros. Machupicchu nos llamaba a todos y ninguno quería aflojar el paso para poder llegar justo después del amanecer. El cuarto día se camina poco; en hora y media aproximadamente se llega al destino final. Pero la velocidad y la ansiedad por llegar hacen que también sea algo cansado. En una hora (y después de pasarle a los dos grupos que habían llegado al puesto de control antes que nosotros) llegamos todos los 13 del grupo, juntos, a la pared de 51 escalones que hay que escalar, bastante literalmente, antes de llegar a Intipunku (“Puerta del Sol”). Al llegar casi nos orinamos en los pantalones y se nos hicieron nudos en la garganta y huecos en la panza al ver Macchupicchu por primera vez, a la distancia. El sol empezaba a salir a nuestras espaldas, del otro lado de la Puerta del Sol, iluminando directamente la ciudad y las montañas que la rodean.

De ahí en adelante seguimos nuestra carrera con el equipo hispano, seguidos de cerca por los franceses y nuestro guía Pepe Lucho, que nos alcanzó corriendo, diciéndonos que lo habíamos dejado rezagado. Finalmente, casi a las 7 AM, llegamos a Machupicchu.

No voy a tratar de explicar lo impresionante que es entrar a Machupicchu. No se puede con palabras.

Por dicha cuando entramos todavía no habían llegado muchos turistas más. Recorrimos las ruinas junto con Pepe, que nos fue explicando cada sección y la función que cumplía. Pasamos por las terrazas agrícolas (que conforman más de la mitad del área que cubre la ciudad), las zonas de viviendas, subimos a la parte superior donde se encuentra el Intiwatana (“lugar donde se amarra el sol”), el reloj de sol sagrado de los incas, visitamos las canteras de donde extraían las piedras para la construcción, y admiramos a la distancia la plaza central de la ciudad y el sector industrial donde manufacturaban los textiles.

Las construcciones de los incas eran perfectas; cortaban las piedras con una precisión milimétrica y las colocaban unas sobre otras, encajando con tanta exactitud que no necesitaban de ningún otro material que uniera los bloques, los cuales simplemente se sostenían unos contra otros por su propio peso. Contrario a lo que yo pensaba, no todas las construcciones eran hechas de esta forma, sólo las que tenían propósitos sagrados o ceremoniales. El resto eran más rústicas; piedras cortadas de forma menos precisa y unidas con barro. De esta forma puede uno identificar el propósito de cada construcción de acuerdo al tipo de construcción, y así saber si era un sitio sagrado. Esto es cierto tanto para Machupicchu como para cualquier otra construcción inca.

Waynapicchu (“montaña joven”… por cierto, Macchupicchu significa “montaña vieja”) es la montaña grande que se ve atrás de la ciudad en esa foto clásica de Machupicchu que se ve por todas partes. Una de las cosas que puede hacer uno es subir a Waynapicchu y ver toda la ciudad desde la cima. Estábamos decididos a hacerlo, pero al bajar el ritmo y al enfriarse las piernas, empezamos a dudarlo seriamente. Después de descansar un poco y recargarnos en la Piedra Sagrada, nos animamos a subir (cuando nos preguntaban los guías si ibamos a escalar Waynapicchu, realmente querían decir “escalar”). Es una subida constante de 45 minutos (subiendo con buen ritmo), muy empinada, de gradas y rocas. (De camino para arriba nos topamos con los únicos ticos que hemos visto en todo el viaje: don Max Fischel y su esposa, quienes idenifiqué al instante como ticos luego de escuchar a la señora decir una sola frase. Sí que no nos perdemos) En fin, ya más arriba, lo único más fuerte que el vértigo que se sentía a esa altura, era la grandeza de la vista del ángulo contrario (al “clásico”) de Machupicchu, junto al gran camino que baja como serpiente hasta el pueblo de Aguas Calientes, al pie de la montaña. La subida nos terminó de agotar las baterías que nos quedaban, pero definitivamente no nos habríamos perdonado no subir ahí, ver Machupicchu desde la distancia y sentir que en cualquier momento el viento nos iba a botar de la montaña y tirarnos en el río Urubamba.

Merodeamos un rato más por Machupicchu, admirando las perfectas construcciones incas, esquivando turistas (a las 10 AM llega el tren turista y descarga masas gigantes de gente en Machupicchu), y viendo llamas, incluyendo una se enamoró de Carlos y lo seguía por todas partes. Entramos al Templo del Cóndor, donde los incas usaban chicha para hacer ceremonias en honor a Hananpacha (“el mundo de arriba”), y el cuarto de los morteros, pequeñas piletas de agua que usaban los incas para ver las estrellas en el reflejo del agua.

Ya agotados nos reunimos de nuevo con Bego y Eduardo, que optaron por visitar el puente inca, una opción bastante menos cansada que Waynapicchu. En bus bajamos en un zig-zag hasta Aguas Calientes, donde vimos a nuestro grupo por última vez.

Finalmente un tren nos llevó, incrédulos, de vuelta hacia Cusco. Hicimos el Camino Inca.

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16 comentarios en “Camino Inca y Machupicchu”

  1. si! first comment por fin! esa foto está increible! no he leido todavía lo que escribieron , solo me apresuré por el por fin first comment mio! jaj asiempre se me pasaba!

  2. Los tres leímos emocionados este post sobre el Camino Inca, y nos sentimos allá con ustedes. Las fotos son increíbles!!! Es tan interesante reflexionar sobre el grado de consonancia con la naturaleza de estas civilizaciones…cuanto nos hace falta en esta época!!!
    Un beso a los tres!!!

  3. Yo si lo lei todo. Jose es un poser!

    INTI!

    Seguro Tovi no es el menos chancletudo, que en la playa no se quita las Converse!

    Que increible, lo hicieron. Son personas nuevas. Me emocione con lo de el canto “oeee oeee oeee oeeee” (A alguien mas aqui le cuesta imaginarse a Adrian ensenandole a extraños de otros paises y continentes un canto de ticos o solo a mi? :O)

    Y que risa Carlos sacandoles ventaja de nuevo (Yo se lo que le paso, volo, el me dijo! Lero lero!)

    Los amo!

  4. He leido todos los posts, y han tenido experiencias realmente inolvidables, pero este post, el camino inca, la foto…solo imaginarme como se debe sentir estar frente a las ruinas…no lo puedo ni expresar. Les deseo lo mejor!

    pregunta, ya usaron el seguro?

  5. Misión cumplida, y con qué logros! Los felicito, se han probado al límite y han salido victoriosos, más sabios, más valientes, más grandes. Los Tres Conquistadores Ticos de Machupicchu. Mis repetos! Qué increíbe debe ser sentirse en medio de tanta belleza y grandeza, la natural y del ingenio humano de hace tanto tiempo! Ya el cansancio lo habrán olvidado (o casi…) pero esta experiencia quedará con Uds siempre.

  6. Puta no tengo palabras, con Carlos por ejemplo, desde que lo conozco está soñando con esto, no puedo ni imaginarme lo que sintió.

    Pero el relato, lo vivido, las fotos (y lo que supongo debe ser estar ahí)… puta, lo deja a uno sin palabras, tan felíz, envidiandolos tanto (pero de buena nota)… no sé…

    Besos, abrazos, masajes a las piernas.. ahhh… sean tan felices como lo imagino.

    PD. A mí también se me hizo super irreal la imágen mental de Adrio enseñando el corito de ticos jeje.. es como una vara no Adrio.

  7. tengo varias cosas que comentar… comencemos por lo gracioso… cuando leí esto: “Louise y su esposo (cuyo nombre escapa a nuestra memoria)”.. ajaja! que risa! luego, carlos con el espiritu inca! jaja! no cuesta imaginárselo sonriendo y diciendo “ por que tan lentos, maes?” cagado de risa! jeje, bueno. Ahora estoy en el trabajo, y por desgracia no puedo ver las fotos. Solo la de la portada. Se dice que una imagen vale mas que mil palabras. Me emocione cuando vi la foto, pero cuando lei el relato… Definitivamente las palabras valieron mas que la foto… Me emocione demasiado, especialmente en la parte cuando le inyectaron energia a riki con el cántico de oeee oee oeee oeee! Estoy demasiado orgulloso de ustedes. Algun dia espero seguir los pasos de mi hermano… (riki, para los que no sepan.. jeje… o mejor dicho, tovi)

  8. Solo quería que supieran que tengo una envidia tremenda…soltar todo y largarse…que afortunados!!
    Hasta hoy no había visto el blog, y me lo he leído de arriba a abajo!. ¡Qué bonito recuerdo y que experiencia!.
    Estaré al pendiente de sus nuevas aventuras.
    Un abrazo

  9. ATENCION!!!!!!

    QUERIDOS LECTORES DE SOLTARTODOYLARGARSE.

    El proximo Jueves 1ero de Noviembre a las 7pm habra un concierto y fiesta en el TEATRO SALA CALLE 15 en San Jose (costado sur Plaza de la Democracia) con una entrada de c1500 con fines de recaudar fondos pa LOJ TRE!

    Estare tocando yo (lo poquito que se aun) y otros amigos por ellos 😀 (“canta para tu hermano”, me dijeron por ahi)

    Ojala lean esto y lleguen todos los que puedan. El teatro es pequeño y familiar. El concierto sera acustico y ameno, para que vayan orgullosos padres, tios abuelos y primitos a apoyar 😀 El lugar tiene parqueo publico a la par, no hay excusas!

    Nos reuniremos en una noche de buena vibra hacia nuestros Incas y seguro conversaremos de todas sus aventuras!

    Aqui el afiche para los que lo quieran ver:

    (copiar el link y pegar en la barra de su explorador de internet):
    http://img137.imageshack.us/img137/7074/picture11zl9fm8.jpg

  10. Hola Maes!!!
    Me encantó la descripción del trekking; ha sido como volver a vivirlo. No habeis dejado ningún detalle y, es más, confieso que me sorprendí sonriendo en más de un “tramo” de esta aventura narrada…
    Como ya os comentamos, Edu y yo no vamos a dejar de seguir andando a vuestro lado, pero ahora lo haremos con el resto de compañeros que lo hacen a través del blog. Así que disfrutad intensamente porque sólo así nos podreis contagiar de vuestro entusiasmo.
    Os queremos mucho.
    Un beso muy, muy fuerte.
    ÁNIMO TICOS!!!!!!!!

  11. Mae que rajado XD

    me encanta como lo cuentan, es todo iracundo y cuantico.

    Maes, jajaj esa lama de la ultima ultima foto se ve demasiado amigable!! LE pueden hacer cariño y de todo? y hacer que ella no los muerda?

    wow! Las llamas si son chivas!

  12. Qué narración tan linda y completa! Es como haber ido junto a ustedes… Felicitaciones por haber cumplido el sueño por tanto tiempo anhelado. Tampoco nos imaginamos a Tui enseñando el ole ole al grupo! Les deseamos lo mejor con lo que resta del viaje y esperamos ansiosos el próximo relato.
    Abrazos,
    Titos y Nina…

  13. Puedo sentir la silenciosa explosión de júbilo y triunfo en sus corazones y estómagos en el momento en que Macchu Pichu de desveló ante sus ojos ansiosos.

    La fatiga y los dolores musculares desaparecieron para dar paso a la grandeza de la tarea cumplida…¡Y QUÉ TAREA!

    Este sentimiento los ha de acompañar por siempre y les infundirá toda la berraquera que han de necesitar ante las vicisitudes de la vida: si lograron la cima una vez, no dejarán de lograrla a pesar de las dificultades.

    Richie: Te quiero mucho y estoy super orgulloso de tu empuje y decisión.

    Carlos, Adrián: Felicitaciones por lograr el sueño de una vida

    A Loj Tre: sigan por los caminos del sur descubriendo y descubriéndose ante cada una de las experiencias por vivir.

    Más éxitos!!!!!!!!!!!!

  14. Noooo!! se bañaron!! jajajaj…
    No pues, no hay palabras…genial todo lo que han vivido. Con eso despues pueden hacer un libro de aventuras todo cul e interesante y de puros hechos reales!!

    y la vara!!

  15. Dude… Oeoeoeoeoe ticos?

    —otra rayita en la libreta de cosas que nunca espere que adrio hiciera—
    Genial el frikin’ relato. Uno más para el saco que se les va a quedar pequeño.

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