Puno y el Titicaca

Salir de Cusco fue como volver a comenzar el viaje. Ya pasó el Camino Inca, ya pasó Machupicchu, y sabíamos que el objetivo más grande del viaje había sido cumplido. Pero a la vez sabíamos que todavía faltaba casi la mitad de nuestra travesía.

Así que después de 12 buenos días en la capital del imperio Inca, nos montamos nuevamente en un bus (este fue cortito, sólo 6 horas) y pronto estábamos viendo, desde lo alto del camino, las aguas azules del Titicaca.

Puno sería la última ciudad en nuestro viaje por (“el”) Perú, y a la vez la primera parada en esta nueva etapa de nuestro viaje. Llegando al hostal, nos topamos con una pareja de chilenos que habíamos visto en nuestro mismo bus, y de inmediato nos dimos cuenta que teníamos cosas en común: todos andábamos viajando por el sur, y todos teníamos hambre. Así conocimos a Diego y María, y nos fuimos a almorzar con ellos y caminar por la Avenida Lima, la calle turística de Puno (como que todas las calles en las ciudades de Perú tienen por nombre el de otras ciudades de Perú). Es curioso; Puno es una ciudad bastante rústica y pequeña (el centro al menos), y en medio de todo eso sobresale una avenida adoquinada, repleta de restaurantes a ambos lados de la calle, muchos con rótulos y menús en inglés, y una alta proporción de turistas a locales.

Diego y María son de Santiago, pero en los últimos 10 meses han sido del mundo. Se casaron y de inmediato vendieron todo lo que tenían (soltaron todo) y se dedicaron a viajar alrededor del mundo (se largaron). Han estado en Australia, China, India, Turquía, y… y… estamos seguros que en muchos países más. De Puno iban luego a seguir nuestros pasos recientes, yendo a Guayaquil, luego a Máncora, y finalmente volarán de vuelta a su Santiago, donde intentarán volver a mezclarse con los mortales, y donde gracias a la buena amistad que hicimos con ellos, nos volveremos a ver.

Nuestra principal intención en Puno era visitar las islas del lado peruano del Titicaca, que son las islas flotantes de los Uros, y las islas de Amantaní y Taquile. En el hostal nos ofrecieron una opción muy buena (y por buena quiero decir barata), y junto con María y Diego decidimos tomar el tour. Como no hay mucho más que hacer en Puno, nuestro relato se traslada al lago y sus islas.

En el puerto embarcamos en un bote pequeño y lento (muy, muy lento, con un motor de camión diesel en lugar de motor de bote), junto con nuestros nuevos amigos chilenos, y unas 20 personas más de diversas nacionalidades. La primera parada: las increíbles islas flotantes de los Uros. Los Uros fueron una civilización pre inca; de hecho se cree que es de las primeras civilizaciones de Suramérica. Han vivido sobre las aguas del Titicaca por cientos de años; y toda su vida gira alrededor de la totora, una planta que crece en las partes bajas del lago. Con totora hacen sus casas, sus barcos, y principalmente, las islas flotantes sobre las que viven. Aproximadamente unos 3000 descendientes de los Uros viven en un grupo de 42 islas flotantes de totora, cada una del tamaño de unas 2-4 casas grandes juntas (digo yo). Cada isla está construida sobre una base de raíces de totora, que en su descomposición genera gases que hacen que se mantengan a flote, y luego las cubren con capas de totora seca, que tienen que agregar cada cierto tiempo cuando la capa vieja se empieza a descomponer. Por el peso de las sucesivas capas, cada isla dura unos 5 años antes de que tengan que abandonarla y construir una nueva.

La teoría ya la habíamos leído toda y sabíamos a lo que ibamos. Pero como nos ha pasado tantas veces ya, una cosa es verla venir y otra cosa es bailar con ella. Estar ahí es increíble! Llegamos a la primera isla donde saludamos al líder de esa isla, Sabino (en lengua Aymara, se saluda “Kamisaraki!”) Nuestro guía, Clever (sí, así dice que se llama), nos explicó todo acerca de como hacen las islas, y como usan la totora para muchas otras cosas (la usan de leña y hasta se la comen). Viajamos en un barco de totora a otra isla que era como la estación turística de los Uros: puestos de souvenirs, pulpería, un par de restaurantes y hasta un “hotel” sobre la isla, conformado de un grupo de tienditas de totora con un par de camas cada una adentro.

Ahora el turismo ahora es parte inevitable de la vida en los Uros, para bien o para mal. Es un cuadro un tanto extraño ver a esta gente viviendo exactamente como lo han hecho sus antecesores por cientos de años, ahora con su cultura infiltrada por los cientos de turistas que visitan sus islas todos los días, en decenas de lanchas y botes. Le preguntamos a uno de los señores de la isla si no les afectaba la gasolina de los botes (ellos beben el agua del lago), y después de decirnos que no, se quedó dudoso.. “bueno, si, la verdad si se siente”.

Nos despedimos de la amable gente de los Uros, y dos muchachas se pararon en la orilla de la isla a cantarnos twinkle twinkle little star mientras se alejaba nuestra lancha (bueno, tuinco tuinco lirostá, pero sirve igual). Un gesto que nos conmovió y nos hizo reír y nos dejó ver que al fin y al cabo los Uros aceptan el turismo y no nos ven como invasores, sino como invitados con plata, un mal necesario casi. Nos dirigimos hacia la isla de Amantaní, donde nos quedaríamos el resto del día y dormiríamos con una familia de la isla. Unos cuantos metros antes de llegar, el lago se picó, moviendo la lancha a su antojo y dificultando la aproximación al muelle. Llegamos justo a tiempo a la isla, unos minutos más y habría sido imposible.

Llegamos a la isla y saludamos a los locales (acá hablan Quechua, y se saluda “Añiyanchu!”) Nos recibieron siete mujeres de la isla, quienes alojarían a los distintos grupos de gente que veníamos en la lancha. El premio se lo llevó Maribel, a quien le tocó alojar a loj tré. Nos fuimos a su casa y ahí nos sirvió el almuerzo (sopa de quinua, el principal cereal andino; y luego papas, queso frito, y otro tubérculo que siembran en la isla al que llaman oca).

La estadía con las familias no era exactamente como la imaginábamos. En realidad la convivencia con Maribel y su familia fue mínima, y los cuartos donde nos alojaron son dentro de su terreno, pero completamente aparte de la casa. La experiencia fue más como quedarnos en un mini hostal administrado por una familia de Amantaní. Hemos aprendido que nada suele ser como uno se lo imagina en un principio, y no es que fuera mejor ni peor, sólo diferente. En la tarde subimos a la plaza del pueblo (subimos, y subimos). Ahí se suponía que nos reuniríamos todos los del bote (repartidos ya en distintas familias) para un encuentro. Pues el encuentro terminó siendo nada menos que un encuentro futbolístico, con loj tré junto con Diego y Clever en un equipo estelar que no ganó ni un solo partido. (ah se ríen? traten de jugar futbol a 3800 m de altura!). Pero se gozó, y no nos fuimos en blanco; Tovi anotó el único gol en nuestro equipo, que salvó nuestra honra e hizo que valiera la pena quedar completamente sin aire después de cada jugada.

En la noche caminamos junto con Maribel y su hermana Melania a la fiesta que organiza el pueblo a diario para que convivan los turistas y los locales. Caminamos en oscuridad y mucho (mucho!) frío hasta llegar al salón comunal, donde dos grupos de música andina tocaban alternadamente. Ahí bailamos todos el baile que nos enseñaron las muchachas locales (hay videos!) hasta que el cansancio nos venció colectivamente y acabó la fiesta.

Fue una buena experiencia, conversamos (poco, pero conversamos) con Maribel acerca de su vida en la isla y hospedando turistas; dormimos en los pequeños cuartitos de piso de tierra y paredes de barro, y temprano a la mañana siguiente estábamos listos para seguir nuestro camino sobre el lago.

Otro lento tramo de nuestra lancha nos llevó a nuestro tercer destino en el lago: la isla de Taquile (estas lanchas lentas no son del todo malas; dan mucho tiempo para conversación y ayudan a crear amistades con colegas viajeros). En Taquile desembarcamos y realizamos una caminata de una hora hasta la plaza central de la isla. El Camino Inca sigue dando recompensas, y nuestra condición para caminatas sigue estando en todas. La caminata la hicimos tranquilos y disfrutando de la impresionante vista del agua completamente azul del Titicaca, que dependiendo en qué dirección lo vea uno, parece más el mar que un lago.

Todos los tejidos a mano en la isla de Taquile son hechos por hombres; las mujeres no saben tejer a mano. Los hombres casados se distinguen de los solteros por sus gorritos andinos, tejidos a mano por ellos mismos. Cuando se casan, cambian su gorrito rojo-y-blanco por uno completamente rojo, que deben aprender a tejer antes de poder casarse, y del cual depende su prestigio. Las mujeres saben tejer pero en telar, donde hacen un cinturón con tela y con su propio cabello, que regalan a su marido en el momento de casarse, y es la forma de que el hombre tenga a su mujer con él siempre, inclusive si ella muere. Y esa fue la sección de cultura general de Taquile.

Un último viaje lento en lancha (bueno, en esa lancha al menos) dio mucho tiempo para conversar con gringos, alemanes, franceses y chilenos. Volvimos a Puno y decidimos que nos merecíamos un día para descansar. Así que compramos provisiones (un pan cuadrado, una lata de leche condensada) y al día siguiente nos quedamos en cama hasta las 5 de la tarde, durmiendo, jugando PSP, leyendo y tocando guitarra (vacaciones de nuestras vacaciones dijo Michi). Último día en Perú, fueron bien merecidas.

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6 comentarios en “Puno y el Titicaca”

  1. que chivaaaa!!! LINDA TOVI, GOLAZO A 3800m DE ALTURA! a los otros dos, ME DEFRAUDAN!!! jaja maes me parecen que, cuando lleguen a Chile, traten de ir a Zapallar, dicen que es un chuzo… Creo que mi abuelo conoce a gente alla e inclusive con suerte los podria convencer a que los infiltren! XD suerte con ese viaje, y por el amor de dios, practiquen series por lo menos a ver si dejan el futbol tico en alto!

  2. Ehm si, esta vez si me acordé de firmar con mi “nombre”.

    Solo por aquello de una compilación de frases célebres del blog. En esta ocasión la ganadora es:

    “una cosa es verla venir y otra cosa es bailar con ella”

    Yiiiipip!

  3. Hola ticos!! desde chilito, ya nos hemos visto y los hemos sacado a pasear por los alrrededores de Santiago, un poco colapsados por la cantidad de cosas que nos han tenido organizadas para nuestra llegada de 0 al 0, pero ahora.. ya se nos viene la playita!!, luego de 3 asados al hilo!!

    un abrazo a todos
    Diego y Maria de CHILE

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